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Dioses Griegos, historia minotauro, leyendas griegas y mitos romanos

Agamenón y Clitemestra

a. Algunos dicen que Agamenón y Menelao tenían ya edad suficiente para detener a Tiestes en
Delfos; otros, que cuando Egisto mató a Atreo eran todavía infantes y que su nodriza tuvo la
serenidad necesaria para salvarlos. Tomándolos uno bajo cada brazo, huyó con ellos al palacio de
Polifides, el vigesimocuarto rey de Sición, a instancias del cual fueron confiados luego a Éneo el
etolio. Se conviene, no obstante, en que después de haber pasado algunos años en la corte de Éneo,
el rey Tindáreo de Esparta les devolvió sus bienes. Marchó sobre Micenas y obligó a Tiestes, que
se había refugiado en el altar de Hera, a jurar que legaría el cetro a Agamenón, como heredero de
Atreo, e iría al destierro para no volver jamás. Tiestes partió inmediatamente para Citera, mientras
Egisto, temiendo la venganza de Agamenón, huía al palacio del rey Cilarabes, hijo del rey argivo
Esténelo.

b. Se dice que Zeus dio poder a la casa de Éaco, sabiduría a la casa de Amitaón y riqueza a la casa
de Atreo. Y ciertamente tenía riqueza: los reyes de Micenas, Corinto, Cleonas, Orneia, Aratírea,
Sición, Hiperasia, Gonoesa, Pelene, Egium, Egíalo y Hélice pagaban tributo a Agamenón, tanto en
la tierra como en el mar.

c. Agamenón hizo primeramente la guerra contra Tántalo, rey de Pisa, hijo de su feo tío Bróteas, le
mató en batalla, y se casó por la fuerza con su viuda Clitemestra, hija de Leda y del rey Tindáreo de
Esparta. Los Dioscuros, hermanos de Clitemestra, marcharon por lo tanto sobre Micenas, pero
Agamenón había acudido ya como suplicante a su benefactor Tindáreo, quien le perdonó y le
permitió que se quedara con Clitemestra. Después de la muerte de los Dioscuros, Menelao se casó
con su hermana Helena y Tindáreo abdicó en su favor.

d. Clitemestra dio a Agamenón un hijo, Orestes, y tres hijas: Electra o Laódice, Ifigenia o Ifianasa,
y Crisótemis; aunque algunos dicen que Ifigenia era sobrina de Clitemestra, hija de Teseo y Helena,
de la que se compadeció y a la que adoptó.

e. Cuando París, el hijo del rey Príamo de Troya, raptó a Helena y con ello provocó la guerra
troyana, Agamenón y Menelao estuvieron diez años ausentes de su patria, pero Egisto no se unió a
la expedición y prefirió quedarse en Argos para buscar la forma de vengarse de la Casa de Atreo.
f. Ahora bien, Nauplio, el marido de Clímene, al no obtener satisfacción por parte de Agamenón y
de los otros caudillos griegos por la lapidación de su hijo Palamedes, se alejó de Troya y recorrió la
costa del Ática y el Peloponeso incitando al adulterio a las esposas solitarias de sus enemigos.
Cuando Egisto se enteró de que Clitemestra figuraba entre las más ansiosas de dejarse convencer
por Nauplio, se propuso no sólo hacerse su amante, sino también matar a Agamenón con su ayuda
tan pronto como terminara la guerra de Troya.

g. Hermes, enviado a Egisto por el omnisciente Zeus, le aconsejó que renunciara a su proyecto,
basándose en que cuando Orestes llegara a la edad viril sin duda vengaría a su padre. Pero a pesar
de toda su elocuencia Hermes no pudo disuadir a Egisto, quien fue a Micenas con valiosos regalos
pero odio en el corazón. Al principio Clitemestra rechazó sus requerimientos, porque Agamenón,
informado de la visita de Nauplio a Micenas, había ordenado al bardo de su corte que la vigilara
atentamente y le comunicara por escrito la menor señal de infidelidad. Pero Egisto se apoderó del
viejo bardo y lo abandonó sin alimentos en una isla solitaria, donde las aves no tardaron en picotear
sus huesos. Entonces Clitemestra se entregó a los brazos de Egisto y él celebró su inesperado
triunfo con holocaustos a Afrodita y regalos de tapices y oro a Ártemis, quien sentía rencor por la
Casa de Atreo.

h. Clitemestra tenía pocos motivos para amar a Agamenón, quien, después de dar muerte a su
anterior marido Tántalo y al hijo recién nacido que estaba amamantando, se había casado con ella
por la fuerza y luego se había marchado a una guerra que prometía no terminar nunca; también
había autorizado el sacrificio de Ingenia en Áulide y —lo que para ella era aún más difícil de
soportar— se decía que llevaba de vuelta a la hija de Príamo, la profetisa Casandra, como su esposa
en todo menos en el nombre. Es cierto que Casandra había dado a Agamenón dos hijos mellizos:
Teledamo y Pélope, pero no parece que él tratara de afrentar a Clitemestra. El informante de ésta
era Éax, el hijo sobreviviente de Nauplio, quien, para vengar la muerte de su hermano, le provocaba
maliciosamente a cometer el asesinato.

i. En consecuencia, Clitemestra conspiró con Egisto para matar a Agamenón y Casandra. Pero
temiendo que llegaran inesperadamente, escribió a Agamenón una carta pidiéndole que encendiera
una señal luminosa en el monte Ida cuando cayese Troya; ella, por su parte, dispuso una cadena de
fuegos que transmitirían la señal hasta Argólide pasando por el cabo Hermeo en Leamos, y los
montes de Athos, Macisto, Mesapio, Qterón, Egiplancto y Aracne. Apostó también un vigía en el
techo del palacio de Micenas; era un fiel servidor de Agamenón que pasó un año entero agazapado
como un perro, mirando hacia el monte Aracne y lleno de tristes presentimientos. Por fin, una
noche oscura, el vigía vio el resplandor distante de la señal luminosa y corrió a despertar a
Clitemestra. Ella celebró la noticia con sacrificios de acción de gracias, aunque, en verdad, habría
deseado que el sitio de Troya durara eternamente. Egisto apostó inmediatamente a uno de sus
hombres en una atalaya cerca del mar y le prometió dos talentos de oro por la primera noticia del
desembarco de Agamenón.

j. Hera había salvado a Agamenón de la violenta tormenta que destruyó muchas de las naves que
regresaban a Grecia y arrastró a Menelao a Egipto; por fin un viento favorable le llevó a Nauplia.
Tan pronto como desembarcó se inclinó para besar la tierra, llorando de alegría. Entretanto el vigía
corrió a Micenas para recibir su gratificación y Egisto eligió veinte de los guerreros más valientes,
los apostó en una emboscada dentro del palacio, mandó preparar un gran banquete y luego,
montando en su carro, fue a recibir a Agamenón.

k. Clitemestra recibió a su marido cansado por el viaje simulando que se hallaba muy contenta, hizo
tender para él una alfombra de púrpura y lo condujo a la casa de baños, donde las esclavas le habían
preparado un baño caliente; pero Casandra se quedó fuera del palacio, sumida en un arrobamiento
profético, y se negó a entrar gritando que olía sangre y que la maldición de Tiestes pendía sobre el
comedor. Cuando Agamenón se lavó y hubo sacado un pie de la bañera, dispuesto a participar en el
banquete ya servido en las mesas, Clitemestra se le acercó como para envolverlo en una toalla, pero
en lugar de eso le arrojó a la cabeza una prenda de malla tejida por ella misma y que no tenía
aberturas para el cuello y los brazos. Y así, enredado en esa red como un pez, Agamenón pereció a
manos de Egisto, quien le hirió dos veces con una espada de doble filo. Cayó hacia atrás en el
baño de paredes de plata, donde Clitemestra vengó sus agravios cortándole la cabeza con un
hacha109. Luego corrió afuera para matar a Casandra con la misma arma, sin molestarse en cerrar
los ojos y la boca de su marido, pero se limpió en su cabello la sangre que le había salpicado, para
dar a entender que él mismo había sido el causante de su muerte.

l. Una feroz batalla se libraba en el palacio entre la guardia de Agamenón y los partidarios de
Egisto. Los guerreros eran muertos como cerdos para el banquete de un rico, o yacían heridos y
gimiendo junto a las mesas servidas revolcándose en la sangre; pero Egisto triunfó. Afuera, la
cabeza de Casandra rodó por el suelo y Egisto tuvo también la satisfacción de matar a los dos hijos
mellizos que la profetisa había tenido con Agamenón; sin embargo, no consiguió deshacerse de
otro de los bastardos de Agamenón, llamado Haleso o Halisco. Haleso logró escaparse y, después
de andar largo tiempo errante en el destierro, fundó la ciudad italiana de Falerios y enseñó a sus
habitantes los Misterios de Hera, que todavía se celebran allí a la manera argiva.

m. Esta matanza se realizó el día 13 del mes Gamelión [enero] y, sin temor al castigo divino,
Clitemestra decretó que se celebrara en ese día un festival mensual con danzas y ofrendas de ovejas
a sus deidades guardianas. Algunos aplauden su resolución, pero otros sostienen que infligió una
deshonra eterna a todas las mujeres, incluso a las virtuosas. También Egisto dio gracias a la diosa
que le había ayudado.

n. Los espartanos pretenden que Agamenón está enterrado en Amidas, ahora no más que una aldea,
donde muestran la tumba y la estatua de Clitemestra, así como el templo y la estatua de Casandra;
los habitantes incluso creen que Agamenón fue muerto allí. Pero la verdad es que la tumba de
Agamenón se halla entre las ruinas de Micenas, cerca de las de su auriga, sus compañeros
asesinados por Egisto y los mellizos de Casandra.

o. Más tarde Menelao fue informado del crimen por Proteo, el profeta de Faros, y, después de
ofrecer hecatombes al ánima de su hermano, construyó un cenotafio en su honor junto al río de
Egipto. Cuando volvió a Esparta, ocho años después, erigió un templo a Zeus Agamenón; hay otros
templos como ése en Laperse, Ática, y Clazómenas, Jonia, aunque Agamenón nunca reinó en
ninguno de esos lugares.

1. El mito de Agamenón, Egisto, Clitemestra y Orestes ha sobrevivido en una forma dramática
tan estilizada que casi se han borrado sus orígenes. En una tragedia de esta clase la clave la
da habitualmente la manera en que muere el rey; si es arrojado desde un risco como Teseo,
quemado vivo como Heracles, destrozado en un carro como Enómao, devorado por caballos
salvajes como Diomedes, ahogado en un estanque como Tántalo, o herido por un rayo como
Capaneo. Agamenón muere de una manera particular: con una red que le han arrojado
encima, un pie todavía en el baño y el otro en el piso, y en la casa de baños anexa, es decir,
«ni vestido ni desnudo, ni en el agua ni en la tierra seca, ni en su palacio ni fuera de él»,
situación que recuerda la muerte en el solsticio de verano, en el Mabinogion, del rey
sagrado Llew Llaw, a manos de su esposa traidora, Blodeuwedd, y a su amante Gronw.

Una fábula análoga relatada por Saxo Grammaticus a fines del siglo XII en su Historia de
Dinamarca, sugiere que Clitemestra puede también haber dado a Agamenón una manzana
para que la comiera, matándole cuando se la llevaba a la boca, de modo que «ni ayunaba ni
banqueteaba». Fundamentalmente, en consecuencia, éste es el mito familiar del rey sagrado
que muere en el solsticio estival, la diosa que le traiciona, el heredero que le sucede y el hijo
que le venga. El hacha de Clitemestra era el símbolo cretense de la soberanía, y el mito
tiene afinidades con el asesinato de Minos, que también tuvo lugar en un baño. Las señales
luminosas de Egisto, una de las cuales, según Esquilo, estaba hecha con brezos,
son las fogatas del sacrificio del solsticio estival. La diosa en cuyo honor fue sacrificado
Agamenón aparece en tríada como sus «hijas» Electra («ámbar»), Ifigenia («sirviendo de
madre a una raza fuerte») y Crisótemis («orden áurea»)

2. Esta antigua fábula se ha combinado con la leyenda de una disputa entre dinastías rivales en
el Peloponeso. Clitemestra era una heredera real espartana; y la pretensión de los espartanos
de que su antepasado Tindáreo elevó a Agamenón al trono de Micenas, indica que fueron
los vencedores en una guerra contra los raicemos por la posesión de Amidas, donde recibían
honores tanto Agamenón como Clitemestra.

3. «Zeus Agamenón», «Zeus muy resuelto», sería un título divino que llevaban no sólo los
reyes de Micenas, sino también los de Laperse y Clazómenas; y, probablemente, también
los reyes de una colonia dánaa o aquea junto al Río de Egipto, al que no hay que confundir
con el Nilo. El Río de Egipto es mencionado en Josué xv.4 como marcando la frontera entre
Palestina y Egipto; más arriba de la costa, en Ascalón y cerca de Tiro, había otras colonias
dánaas o aqueas.

4. El día 13, observado también como día festivo en Roma, donde se le llamaba los Idus,
coincidía con la luna llena en una época en que el mes del calendario era una simple
lunación. Parece que el sacrificio del rey se realizaba siempre en la luna llena. Según la
leyenda, la flota griega, al volver a fines de año de Troya, encontró tormentas invernales;
por lo tanto, Agamenón murió en enero y no en junio.

Atreo y Tiestes

a. Algunos dicen que Atreo, que huyó de Elide después de la muerte de Crisipo, en la que pudo
haber estado complicado más profundamente que lo que sabía Pélope, se refugió en Micenas. Allí
le favoreció la fortuna. Su sobrino Euristeo, quien estaba a punto de marchar contra los hijos de
Heracles, le designó regente en su ausencia; y cuando poco después llegó la noticia de la derrota y
muerte de Euristeo, los notables de Micenas eligieron a Atreo como su rey, porque parecía un
guerrero idóneo para protegerlos contra los Heráclidas y había conquistado ya el afecto del vulgo.
Así la casa real de Pélope se hizo más famosa que incluso la de Perseo
b. Pero otros dicen, con mayor autoridad, que el padre de Euristeo, Esténelo, después de desterrar a
Anfitrión y apoderarse del trono de Micenas, hizo llamar a Atreo y Tiestes, sus cuñados, y los
instaló en la cercana Midea. Pocos años después, cuando Esténelo y Euristeo habían muerto, un
oráculo aconsejó a los micenios que eligieran a un príncipe de la casa pelópida para que los
gobernara. Llamaron inmediatamente a Atreo y Tiestes de Midea y discutieron quién de los dos
(destinados a estar siempre de punta) sería coronado rey.
c. Ahora bien, Atreo había prometido solemnemente en una ocasión sacrificar a Ártemis lo mejor
de sus rebaños de ovejas; y Hermes, ansioso por vengar la muerte de Mirtilo en los pelópilas,
consultó con su viejo amigo el cabruno Pan, quien hizo que un cordero cornudo con el vellón de
oro apareciera entre el rebaño acarniano que Pélope había dejado a sus hijos Atreo y Tiestes.
Preveía que Atreo lo reclamaría como suyo y que, por su renuencia a rendir a Ártemis los honores
que se le debían, se vería envuelto en una guerra fratricida con Tiestes. Sin embargo, algunos dicen
que fue Ártemis misma quien envió el cordero para ponerlo a prueba. Atreo cumplió su promesa,
en parte al menos, sacrificando la carne del cordero, pero rellenó y armó el vellón y lo guardó en un
arca. Estaba tan orgulloso de su tesoro que parecia tener vida propia, que no pudo abstenerse de
jactarse de él en el mercado, y el celoso Tiestes, por quien Aérope, la esposa recién casada de
Atreo, se había apasionado, accedió a ser su amante si le entregaba el cordero (el cual, según dijo,
habían robado los pastores de Atreo de su mitad del rebaño). Pues Ártemis lo había maldecido y
eso era obra suya.
d. En un debate en la municipalidad Atreo reclamó el trono de Micenas por derecho de
primogenitura y también como poseedor del cordero. Tiestes le preguntó: «¿Entonces, declaras
públicamente que su poseedor debe ser el Rey?» «Lo declaro», contestó Atreo. «Y yo estoy de
acuerdo», dijo Tiestes, sonriendo torvamente. Un heraldo convocó a los habitantes de Micenas para
que aclamaran a su nuevo rey; pusieron en los templos colgaduras doradas y abrieron sus puertas;
ardían fuegos en todos los altares de la ciudad y se cantaban canciones en elogio del cordero
cornudo con el vellón de oro. Pero Tiestes se levantó inesperadamente para vituperar a Atreo por
ser un fanfarrón jactándose y llevó a los magistrados a su casa, donde les mostró el cordero,
justificó su derecho a poseerlo y fue declarado rey legítimo de Micenas.
e. Pero Zeus favorecía a Atreo y envió a Hermes para que le dijera: «Vete a ver a Tiestes y
pregúntale si, en el caso de que el sol marche hacia atrás en el cuadrante, renunciará a su derecho al
trono en tu favor.» Atreo hizo lo que se le ordenaba y Tiestes accedió a abdicar si se producía tal
portento. Entonces Zeus, con la ayuda de Éride, invirtió las leyes de la naturaleza, hasta entonces
inmutables. Helio, ya en la mitad de su carrera, desvió su carro y puso las cabezas de sus caballos
en dirección de la aurora. Las siete Pléyades y todas las demás estrellas invirtieron sus cursos de
acuerdo con Helio, y ese anochecer, por primera y última vez, el sol se puso en el oriente. Probadas
así claramente el impostura y la codicia de Tiestes, Atreo ocupó el trono de Micenas y le desterró.
Cuando más tarde Atreo descubrió que Tiestes había cometido adulterio con Aérope, apenas pudo
contener su ira. Sin embargo, durante un tiempo fingió que le perdonaba.
f. Ahora bien, esta Aérope, a la que algunos llaman Europa, era cretense e hija del rey Catreo. Un
día la sorprendió Catreo cuando estaba con un amante en el palacio, y se hallaba a punto de ser
arrojada a los peces cuando, rectificando su sentencia a ruego de Nauplio, la vendio, junto con su
otra hija Clímene, de la que sospechaba que conspiraba contra su vida, como esclava a Nauplio, por
un precio nominal, estipulando únicamente que ninguna de ellas volviera jamás a Creta. Nauplio se
casó luego con Clímenes, quien le dio a Éax y Palamedes, el inventor. Pero Atreo, cuya esposa
Cléola había muerto después de dar a luz un hijo enclenque, Plístenes —así fue como Ártemis se
vengó de él por no haber mantenido su promesa—, se casó con Aérope y tuvo con ella a
Agamenón, Menelao y Anaxibia. Plístenes había muerto también, pues los asesinos que envió
Atreo para que dieran muerte a su lacayo, el hijo bastardo de Tiestes con Aérope, le asesinaron por
error —Tiestes se encargó de ello.
g. Atreo envió un heraldo para que indujese a Tiestes a regresar a Micenas con el ofrecimiento de
una amnistía y la participación en la mitad del reino; pero tan pronto como Tiestes aceptó el
ofrecimiento, asesinó despiadadamente a Aglao, Orcómeno y Calileonte, los tres hijos de Tiestes
con una de las Náyades, en el mismo altar de Zeus donde se habían refugiado; y luego buscó y
mató al infante Plístines el Segundo y su mellizo Tántalo el Segundo. Los despedazó, hirvió trozos
escogidos de su carne en una caldera y se los sirvió a Tiestes para darle la bienvenida por su
regreso. Cuando Tiestes hubo comido de buena gana, Atreo hizo que le presentaran sus cabezas,
pies y manos ensangrentados en otra fuente para hacerle ver lo que tenía dentro del estómago.
Tiestes cayó hacia atrás, vomitando, y lanzó una maldición inevitable a la simiente de Atreo.
h. Desterrado una vez más, Tiestes huyó primeramente al palacio del rey Tesproto en Sición, donde
su hija Pelopia, o Pelopeya, era sacerdotisa. Pues, deseando vengarse a cualquier costo, había
consultado con el oráculo de Delfos, que le aconsejó que engendrara un hijo en su propia hija .
Tiestes encontró a Pelopia haciendo sacrificios por la noche a Atenea Colocasia y, como no quería
profanar los ritos, se ocultó en un bosquecillo cercano. Poco después Pelopia, que dirigía la danza
solemne, resbaló en un charco de sangre que había fluido de la garganta de una oveja negra, la
víctima, y se manchó la túnica. Corrió en seguida al vivero del templo, se quitó la túnica y cuando
se estaba lavando la mancha Tiestes salió del bosquecillo y la violó. Pelopia no lo reconoció porque
llevaba una máscara, pero consiguió robarle la espada y llevarla al templo, donde la ocultó bajo el
pedestal de la imagen de Atenea; y Tiestes, al encontrar la vaina vacía y temiendo que lo
detuvieran, huyó a Lidia, la tierra de sus antepasados.
i. Entretanto, temiendo las consecuencias de su crimen, Atreo consultó con el Oráculo de Delfos,
que le dijo: «Haz volver a Tiestes de Sición.» Llegó a Sición demasiado tarde para encontrar a
Tiestes y, enamorado de Pelopia, a la que suponía hija del rey Tesproto, pidió permiso para hacerla
su tercera esposa, pues para entonces había ejecutado a Aérope. Ansioso de una alianza con un
rey tan poderoso, y deseando al mismo tiempo hacer un favor a Pelopia, Tesproto no desengañó a
Atreo y la boda se realizó inmediatamente. A su debido tiempo ella dio a luz el hijo engendrado por
Tiestes, al que dejó abandonado en una montaña, pero unos pastores de cabras lo recogieron e
hicieron que le amamantara una cabra, de donde viene su nombre Egisto, o «fuerza de cabra».
Atreo creía que Tiestes había huido de Sición al tener noticia de su venida, que el niño era suyo y
que Pelopia había sido afectada por la locura pasajera que a veces sobreviene a las mujeres después
del parto. En consecuencia, recuperó a Egisto de los pastores de cabras y lo crió como su heredero.
j. Una serie de malas cosechas afligió a Micenas y Atreo envió a Agamenón y Menelao a Delfos
para que averiguaran el paradero de Tiestes, a quien encontraron por casualidad cuando volvía de
una nueva visita al Oráculo. Lo llevaron por la fuerza a Micenas, donde Atreo, después de
encerrarlo en la prisión, ordenó a Egisto, que entonces tenía siete años de edad, que le matara
mientras dormía.
k. Tiestes despertó de pronto y encontró a Egisto inclinado sobre él con la espada en la mano; se
hizo a un lado rápidamente y evitó la muerte. Luego se levantó, desarmó al niño con un hábil
puntapié en la muñeca y saltó para apoderarse de la espada. ¡Y vio que era la suya, perdida años
antes en Sición! Asió a Egisto por el hombro y le gritó: «Dime inmediatamente cómo llegó esta
espada a tu poder.» Egisto balbuceó: «Me la ha dado mi madre Pelopia.» «Te perdonaré la vida,
muchacho —dijo Tiestes— si cumples tres órdenes que voy a darte.» «Soy tu servidor en todo»,
lloró Egisto, que no esperaba misericordia. «Mi primera orden es que traigas aquí a tu madre.»
l. Egisto llevó inmediatamente a Pelopia al calabozo y, reconociendo a Tiestes, le abrazó llorando,
le llamó su querido padre y se compadeció de sus sufrimientos. «¿Cómo conseguiste esta espada,
hija?», le preguntó Tiestes. «La saqué de la vaina de un desconocido que me violó una noche en
Sición», contestó ella. «Es mía», declaró Tiestes. Pelopia, horrorizada, tomó la espada y se la
hundió en el pecho. Egisto, se quedó estupefacto, sin comprender lo que habían dicho los otros.
«Ahora lleva esta espada a Atreo —fue la segunda orden de Tiestes— y dile que has cumplido su
encargo. Y luego vuelve.» Sin decir una palabra, Egisto llevó la espada ensangrentada a Atreo,
quien fue alegremente a la costa y ofreció un sacrificio en acción de gracias a Zeus, convencido de
que por fin se había librado de Tiestes.
m. Cuando Egisto volvió al calabozo, Tiestes le reveló que era su padre y le dio la tercera orden:
«Mata a Atreo, Egisto, hijo mío, y esta vez no vaciles.» Egisto hizo lo que se le ordenaba y Tiestes
volvió a reinar en Micenas.
n. Entre los rebaños de Tiestes apareció otro cordero cornudo con vellón de oro y llegó a ser
morueco, y en adelante cada nuevo rey pelópida era confirmado divinamente de este modo en la
posesión de su cetro de oro; esos moruecos pacían libremente en una dehesa rodeada por paredes
inaccesibles. Pero algunos dicen que el distintivo de la realeza no era un animal viviente, sino un
tazón de plata, en el fondo del cual estaba incrustada la figura de un cordero dorado; y otros, que no
pudo haber sido Egisto quien mató a Atreo porque no era más que un infante en pañales cuando
Agamenón expulsó a su padre Tiestes de Micenas y le arrancó el cetro.

o. Tiestes está enterrado junto a la carretera que va de Micenas a Argos, cerca del templete de
Perseo. Sobre la tumba se halla la figura en piedra de un morueco. La tumba de Atreo y su tesoro
subterráneo se pueden ver todavía entre las ruinas de Micenas.

p. Tiestes no fue el último héroe a quien sirvieron en una fuente su propio hijo. Lo mismo le
sucedió algunos años después a Clímeno, el hijo arcadio de Esqueneo, quien concibió una pasión
incestuosa por Harpálice, la hija tenida con Epicaste. Habiendo seducido a Harpálice, la casó con
Alastor, pero más tarde se la llevó otra vez. Harpálice, para vengarse, asesinó al hijo que tuvo con
él, que era también su hermano, cocinó el cadáve

1. El mito de Atreo y Tiestes, que sobrevive sólo en versiones muy teatrales, parece basarse en
la rivalidad entre los co-reyes argivos por el poder supremo, como en el mito de Acrisio y
Preta (véase 73.a). Es mucho más antiguo que la fábula de los hijos de Heracles (véase
146.k) —la invasión doria del Peloponeso, alrededor del año 1050 a. de C.— con la que lo
asocia Tucídides. El cordero de oro de Atreo, no sacrificado, recuerda el toro blanco de
Posidón, que igualmente dejó de sacrificar Minos (véase 88.c); pero es de la misma casta
que los moruecos de vellón dorado consagrados a Zeus en el monte Lafistio y a Posidón en
la isla de Crumisa (véase 70.l). Poseer ese vellocino era un distintivo de la realeza, porque
el rey lo utilizaba en una ceremonia para atraer la lluvia anual (véase 70.2 y 6). El cordero
es metafóricamente de oro; en Grecia «el agua es oro» y el vellón producía mágicamente la
lluvia. Esta metáfora puede, no obstante, haber sido reforzada por el uso de vellones para
recoger oro en polvo en los ríos del Asia Menor; y la aparición ocasional en el Mediterráneo
Oriental de corderos con dientes dorados, supuestamente descendientes de los que el joven
Zeus cuidaba en el monte Ida. (En el siglo XVIII, Lady Mary Wortley Montagu investigó
esta anomalía persistente, pero no pudo descubrir su origen.) Es posible también que el
cetro real argivo tuviera en la parte superior un morueco de oro. Apolodoro es impreciso
acerca del fundamento legal de la disputa, pero la reclamación de Tiestes era probablemente
la misma que la hecha por Maeve respecto al toro disputado en la Guerra de los toros
fratricida irlandesa: que el cordero había sido robado de sus rebaños al nacer.
2. Eurípides introduce a Éride en un momento equivocado de la fábula: ella habrá provocado
la querella entre los hermanos más bien que ayudado a Zeus a invertir el curso del sol,
fenómeno para producir el cual carecía de facultades. Los gramáticos y filósofos clásicos
han explicado este episodio de varias maneras ingeniosas, que anticipan las tentativas
hechas por los protestantes del siglo XX para explicar científicamente el movimiento
retrógrado de la sombra del sol en «el cuadrante de Ahaz» (2 Reyes xx.I-II). Luciano y
Polibio dicen que cuando Atreo y Tiestes se pelearon por la sucesión, los argivos eran ya
observadores habituales de las estrellas y convinieron en que el mejor astrónomo sería
elegido rey. En el certemen que siguió, Tiestes señaló que el sol se levantaba siempre en
Aries en el Festival de la Primavera, y de aquí la fábula del cordero de oro; pero el adivino
Atreo hizo algo mejor: demostró que el sol y la tierra viajan en diferentes direcciones y que
las que parecen ser puestas de sol son en realidad puestas de la tierra. En vista de ello los
argivos le eligieron rey (Luciano: Sobre astrología 12; Polibio, citado por Estrabón: i.2.15).
Higinio y Servio están de acuerdo en que Atreo era astrónomo, y en que fue el primero que
predijo un eclipse de sol matemáticamente; añaden que, cuando el cálculo resultó correcto,
su celoso hermano Tiestes abandonó la ciudad mortificado (Higinio: Fábula 258; Servio
sobre la Eneida de Virgilio i.572). Sócrates tomó el mito más literalmente: lo consideró
como prueba de su teoría de que el universo se enrolla y desenrolla en ciclos alternados de
vasta duración y la inversión del movimiento al término de cada ciclo va acompañada por
una gran destrucción de la vida animal (Platón: El estadista 12-14).
3. Sin embargo, para comprender la fábula uno debe pensar no alegórica ni filosóficamente,
sino mitológicamente; es decir, en función del conflicto arcaico entre el rey sagrado y su
heredero. El rey reinaba hasta el solsticio de verano, cuando el sol llegaba a su punto más
septentrional y se detenía; entonces el heredero le mataba y ocupaba su lugar, mientras el
sol se retiraba liariamente hacia el sur y el solsticio de invierno. Este odio mutuo, agudizado
por los celos sexuales, porque el heredero se casaba con la viuda de su rival, se renovó entre
los co-reyes argivos, cuyos reinados combinados se extendieron durante un Gran Año; y se
pelearon por Aérope, como Acrisio y Preto habían hecho por Dánae. El mito de Ezequías,
que estaba a punto de morir cuando, como una señal del favor de Jehová, el profeta Isaías
agregó diez años a su reinado haciendo retroceder al sol diez grados en el cuadrante de
Ahaz (2 Reyes xx.8.11 e Isaías xxxviii.7-8), indica una tradición hebrea, o quizá palestina,
de cómo al rey, después de la reforma del calendario causada por la adopción del ciclo
metónico, se le permitía prolongar su reinado hasta el año decimonono, en vez de morir en
el noveno. Atreo, en Micenas, puede haber obtenido una exen ción análoga.

4. El banquete caníbal en honor de Zeus, que aparece en el mito de Tántalo, ha
sido confundido aquí con el sacrificio anual de niños sustitutos y con el vómito por Zeus de
los hijos tenidos con Rea. La violación de Pelopia por Tiestes recuerda el mito de
Cíniras y Esmirna, y la mejor manera de explicarla es como la tentativa del rey
de prolongar su reinado más allá del límite acostumbrado mediante el casamiento con su
hijastra, la heredera. La salvación de Aérope de los peces cretenses la identifica con
Dictina-Britomartis, cuyo abuelo Minos había arrojado al mar. Egisto,
amamantado por una cabra, es el conocido niño del Año Nuevo de los Misterios.

5. La fábula de Clímeno y Harpálice —había otro personaje tracio del mismo nombre, una
especie de Atalanta— combina el mito de Cíniras y Esmirna con el de Terco y
Procne. A menos que sea una composición artificial para el teatro, como
sugiere el no mítico suicidio de Clímeno ahorcándose, éste trataría de reconquistar su
derecho al trono al terminar su reinado casando a la heredera, técnicamente su hija, con un
interrex, para matarlo después y tomar para sí a su esposa. Alastor significa «vengador»,
pero su venganza no aparece en el mito; quizá la versión original hacía de Alastor la víctima
del sacrificio humano.

Los hijos de Pélope

En agradecimiento a Hera por haber facilitado su casamiento con Pélope, Hipodamía convocó a dieciséis matronas, una por cada ciudad de Elide, para que le ayudaran a instituir los Juegos Hereos. Desde entonces, cada cuatro años, las dieciséis matronas, sus sucesoras, han tejido una túnica para Hera y han celebrado los Juegos, que consisten en una sola carrera entre vírgenes de diferentes edades, en la que los impedimentos para las competidoras varían con su edad y las más
jóvenes se colocan delante. Corren con túnicas que no les llegan a las rodillas, el pecho derecho al descubierto y la cabellera suelta. Cloris, la única hija sobreviviente de Níobe, fue la primera vencedora en los juegos; la carrera consiste en el recorrido de las cinco sextas partes del circuito olímpico. El premio es una corona de olivo y una parte de la vaca sacrificada a Hera; la vencedora puede también dedicar una estatua de ella misma en su propio nombre.
b. Las dieciséis matronas actuaron en una ocasión como pacificadoras entre los písanos y los eleos. Ahora organizan también dos grupos de bailarinas, uno en honor de Hipodamía y el otro en honor de Fiscoa, la elea. Fiscoa le dio a Dioniso su hijo Narceo, célebre guerrero que fundó el santuario de Atenea Narcea y fue el primer eleo que rindió culto a Dioniso. Como algunas de las dieciséis ciudades ya no existen, las dieciséis matronas las proporcionan ahora las ocho tribus eleas, un par
cada una. Como los árbitros, se purifican a sí mismas, antes de comenzar los Juegos, con la sangre de un cerdo adecuado y el agua tomada de la Fuente Pieria en el camino entre Olimpia y Elide.
c. Se dice que los siguientes fueron hijos de Pélope e Hipodamía: Piteo de Trecén; Aireo y Tiestes; Alcátoo, pero no el que mató a Enómao; el argonauta Hipalco, Hipalcmo o Hipálcimo; el heraldo Copreo; el bandido Escirón; el argivo Epidauro, llamado a veces hijo de Apolo; Plístenes; Diante,

Cibosuro; Corintio, Hipase, Cleón, Argeo, Elino, Astidamía, a quien algunos llaman madre de Anfitrión; Lisídice, cuya hija Hipótoe fue llevada por Posidón a las Islas Equinadias y allí dio a luz a Tafio; Eurídice, a quien algunos llaman madre de Alcmena; Nicipe, Antibia y finalmente Arquipe, madre de Euristeo y Alcione.
d. Los megarenses, en una tentativa para borrar el recuerdo de la captura de su ciudad por Minos y para sugerir que al rey Niso le sucedió pacíficamente su yerno Megareo, y a éste su yerno Alcátoo
hijo de Pélope, dicen que Megareo tuvo dos hijos, el mayor de los cuales, Timalco, fue muerto en Afidna durante la invasión del Ática por los Dioscuros; y que cuando el más joven, Evipo, fue muerto por el león de Citerón, Megareo prometió su hija Evecme y su trono a quien vengara a Evipo. Inmediatamente Alcátoo mató al león y, convertido en rey de Megara, construyó allí un templo a Apolo Cazador y  Ártemis Cazadora. La verdad es, no obstante, que Alcátoo fue de Elide a Megara inmediatamente después de la muerte de Niso y el saqueo de la ciudad; que Megareo nunca reinó en Megara y que Alcátoo hizo sacrificios a Apolo y Posidón como «constructores anteriores» y luego reconstruyó la muralla de la ciudad sobre nuevos fundamentos, pues los lugares por donde pasaba la muralla anterior habían sido borrados por los cretenses.
e. Alcátoo fue el padre de Isquépolis; de Calípolis; de Ifínoe, que murió virgen y en cuya tumba, situada entre la Sala de Consejo y el altar de Alcátoo, las novias megarenses vierten libaciones, así como las novias delias dedican su cabellera a Hecaergo y Opis; y también de  Automedusa, quien dio Yolao a Ificles; y de Peribea, que se casó con Telamón y cuyo hijo Ayax sucedió a Alcátoo como rey de Megara. El hijo mayor de Alcátoo, Isquépolis, pereció en la cacería caledonia; y
Calípolis, el primer megarense que se enteró de la dolorosa noticia, corrió a la Acrópolis, donde Alcátoo ofrecía holocaustos a Apolo, y arrojó del altar los haces de leña en señal de duelo. Como no sabía lo que había sucedido, Alcátoo, irritado por su impiedad, le mató con un leño.
f. Isquépolis y Evipo están enterrados en el Palacio de Justicia; Megareo en el lado derecho de la subida a la segunda Acrópolis megarense. El templete de héroe de Alcátoo es ahora la Oficina de
Registros pública, y el de Timalco, el Ayuntamiento.
g. Crisipo pasaba también por hijo de Pélope e Hipodamía, pero era en realidad un bastardo al que Pélope había engendrado en la ninfa Astíoque, una danaide. Ahora bien, sucedió que Layo, cuando lo desterraron de Tebas, fue recibido hospitalariamente por Pélope en Pisa, pero se enamoró de Crisipo, a quien enseñó el arte del auriga; y tan pronto como se anuló la condena al destierro retiró al niño en su carro de los Juegos Nemeos y lo llevó a Tebas como su amante. Algunos dicen que Crisipo se mató de vergüenza; otros, que Hipodamía, para impedir que Pélope designase a Crisipo su sucesor relegando a sus propios hijos, fue a Tebas, donde trató de convencer a Atreo y Tiestes para que matasen al niño arrojándolo a un pozo. Cuando ambos se negaron a asesinar al huésped de su padre, Hipodamía, en plena noche, entró furtivamente en el dormitorio de Layo y, encontrándolo dormido, tomó su espada que colgaba de la pared y la hundió en el vientre de su compañero de lecho. Layo fue acusado inmediatamente por el asesinato, pero Crisipo había visto a
Hipodamía cuando huía y le acusó antes de expirar.
g. Entretanto, Pélope marchaba sobre Tebas para rescatar a Crisipo, pero, al saber que Layo había sido ya encarcelado por Atreo y Tiestes, le perdonó noblemente, reconociendo que sólo un amor irresistible le había impulsado a violar la hospitalidad. Algunos dicen que Layo, y no Támiris o Minos, fue el primer pederasta, motivo por el que los tebanos, lejos de condenar la práctica, mantienen un regimiento, llamado la Banda Sagrada, compuesto enteramente por muchachos y sus amantes.
i. Hipodamía huyó a Argólide y allí se suicidó; pero posteriormente, de acuerdo con un oráculo, sus huesos fueron transportados a Olimpia, donde las mujeres entran en su templo tapiado una vez al año para ofrecerle sacrificios. En una de las curvas del Hipódromo se alza una estatua de bronce de Hipodamía que sostiene una cinta para condecorar a Pélope por su victoria.
1. Los Juegos Héteos se realizaban en la víspera de los Juegos Olímpicos. Consistían en una carrera pedestre de muchachas, originalmente para el cargo de suma sacerdotisa de Hera, y k vencedora, que llevaba el ramo de olivo como símbolo de paz y fertilidad, se hacía igual a la diosa al compartir su vaca sagrada. Las dieciséis matronas pueden haberse turnado en otro tiempo para oficiar como ayudantes de la suma sacerdotisa durante las dieciséis temporadas de la olimpíada de cuatro años; cada rueda del carro regio
representaba el año solar y tenía cuatro rayos, como una rueda de fuego o esvástica.
«Narceo» es claramente una forma posterior de Atenea Narcea («entumecedora»), una diosa de la muerte. Las matronas que organizaban los Juegos Hereos, que en un tiempo implicaban el sacrificio humano, propiciaban a la diosa con sangre de cerdo y luego se lavaban con agua corriente. Los numerosos hijos de Hipodamía atestiguan la fuerza de la confederación presidida por la dinastía de los Pelópidas, y todos sus nombres se asocian con el Peloponeso o el Istmo.
2. El asesinato por Alcátoo de su hijo Calípolis en el altar de Apolo ha sido deducido probablemente de una representación gráfica en la que aparecía ofreciendo su hijo en holocausto al «constructor anterior», el dios de la ciudad Melicertes o Moloch, cuando volvió a fundar Megara, como hizo también un rey de Moab. Además, como Sansón y David, había matado un león en un combate ritual. La mitología corintia tiene
muchas afinidades con laPalestina.
3. El mito de Crisipo sobrevive sólo en una forma degenerada. Que fuera un bello muchacho pisano que conducía un carro, lo llevaran como a Ganímedes o a Pélope mismo (aunque no, ciertamente, al Olimpo) y le matara Hipodamía, indica que, originalmente, era uno de los sustitutos del Rey que moría en el choque del carro; pero su mito ha sido confundido con una justificación de la pederastía tebana, y con la leyenda de una disputa acerca de los Juegos Nemeos entre Tebas y Pisa. Hipodamía, «domadora de caballos», era un título de la diosa Luna, cuya estatua con cabeza de yegua en Figalia tenía en la mano una marsopa pelópida; cuatro de los hijos e hijas de Pélope tienen nombres de caballos.

Pélope y Enómao

Pélope heredó el trono paflagonio de su padre Tantalo y durante un tiempo residió en Enete, en las costas del Mar Negro, desde donde gobernó también a los lidios y frigios. Pero los bárbaros lo expulsaron de Paflagonia y entonces se retiró al monte Sípilo en Lidia, su sede ancestral. En vista de que Ilo, rey de Troya, no le dejaba vivir en paz ni siquiera allí, sino que le ordenó que reanudara su viaje, Pélope llevó sus tesoros fabulosos a través del mar Egeo. Estaba resuelto a encontrar unnuevo hogar para él y la gran horda de sus seguidores43, pero antes quería pedir la mano de Hipodamía, hija del rey Enómao, el arcadio, que gobernaba en Pisa y Elide.
b. Algunos dicen que Enómao era hijo de Ares y Harpina, hija del dios fluvial Asopo; o de la pléyade Asteria; o de Astérope; o de Eurítoe, hija de Dánao; en tanto que otros dicen que era hijo de Alxión, o de Hipéroco.
c. Por su esposa Esterope, o Evarete, hija de Acrisio, Enómao fue padre de Leucipo, Hipodamo y Disponteo, fundador de Disponte; y de una hija, Hipodamía. Enómao era famoso por su amor a los caballos, y prohibió a sus subditos bajo pena de maldición aparear yeguas con asnos. Hasta el presente, si los eleáticos necesitan muías, tienen que llevar sus yeguas al exterior para aparearlas y para que paran.
d. No se sabe con certeza si le advirtió un oráculo que su yerno le mataría o si él mismo se había enamorado de Hipodamía; pero el caso es que Enómao ideó un nuevo medio dé impedir que ella se casara. Desafió a cada uno de los pretendientes de Hipodamía por turno a una carrera de carros desde Pisa, situada junto al río Alfeo, frente a Olimpia, hasta el altar de Posidón en el Istmo de Corinto. Algunos dicen que los carros eran tirados por cuatro caballos; otros dicen que por dos. Enómao insistió en que Hipodamía debía cabalgar junto a cada pretendiente, para distraer su atención de los caballos, pero les concedió una ventaja de media hora en la partida mientras él
sacrificaba un carnero en el altar de Zeus Marcial en Olimpia. Ambos carros debían correr hacia el Istmo y si el pretendiente era alcanzado, debía morir, pero si ganaba la carrera sería suya Hipodamía y moriría Enómao. Pero como Psila y Harpina, las yeguas engendradas por el viento que le había dado Ares, el padre de Pélope, eran con mucho las mejores de Grecia y más rápidas que el Viento Norte, y como su carro, hábilmente conducido por Mirtilo, estaba construido especialmente para las carreras, jamás había fracasado en su  propósito de alcanzar a su rival y de traspasarle con su lanza, otro regalo de Ares.
e. De esta manera Enómao se deshizo de doce o, según dicen algunos, de trece príncipes, cuyas cabezas y miembros clavó sobre las puertas de su palacio, mientras sus troncos eran amontonados bárbaramente en la tierra. Cuando mató a Marmax, el primer pretendiente, mató también a sus yeguas Partenia y Erifa y las enterró junto al río Partenia, donde se muestra todavía su tumba.
Algunos dicen que el segundo pretendiente, Alcatoo, fue enterrado cerca del Excita-Caballos en el hipódromo de Olimpia y que es su espectro rencoroso el que pone obstáculos a los aurigas.
f. Mirtilo, el auriga de Enómao, era hijo de Hermes y Teóbule o Cleóbule, o la danaide Fetusa; pero otros dicen que era hijo de Zeus y Clímene. También él se había enamorado de Hipodamía, pero no
se atrevió a intervenir en la competencia. Entretanto los olímpicos habían decidido intervenir y poner fin a la matanza, porqué Enómao se jactaba de que un día construiría un templo con cráneos, como habían hecho Eveno, Diómedes y Anteo. En consecuencia, cuando Pélope desembarcó en Elide y suplicó a su amante Posidón, a quien invocó con un sacrificio en la costa, que le diera el carro más rápido del mundo para cortejar a Hipodamía o que contuviera el ímpetu de la lanza de bronce de Enómao, Posidón le ayudó de muy buena gana. Pélope no tardó en ser dueño de un carro de oro alado que podía correr por el mar sin que se le mojasen los ejes y del que tiraba un tronco de caballos incansables, alados e inmortales.
g. Después de visitar el monte Sípilo y de dedicar a Afrodita Temnia una imagen hecha con madera de mirto verde, Pélope probó su carro conduciéndolo a través del Egeo. Casi antes que hubiera tenido tiempo de mirar a su alrededor llegó a Lesbos, donde su auriga Cilo, o Celas, o Cilas murió a causa de la rapidez del viaje. Pélope pasó la noche en Lesbos y en sueños vio que el ánima de Cilo se lamentaba por su suerte y suplicaba honores de héroe. Al amanecer, Pélope quemó su cuerpo, levantó un túmulo sobre las cenizas y fundó en las cercanías el templo de Apolo Cilano. Luego reanudó el viaje conduciendo él mismo el carro.
h. Cuando llegó a Pisa se alarmó Pélope al ver la hilera de cabezas clavadas sobre las puertas del palacio y comenzó a lamentar su ambición. En consecuencias, prometió a Mirtilo, que si traicionaba a su amo, le daría la mitad del reino y el privilegio de pasar la noche de bodas con Hipodamía cuando la hubiese conseguido.
i. Antes de intervenir en la carrera —la escena está esculpida en el gablete frontal del templó de Zeus en Olimpia— Pélope hizo un sacrificio a Atenea Cidonia. Algunos dicen que se le apareció el
ánima de Cilo y se comprometió a ayudarle; otro, que fue su auriga Esfero; pero se cree más generalmente que él mismo condujo su carro llevando a Hipodamía a su lado.
j. Entretanto, Hipodamía se había enamorado de Pélope y, lejos de ponerle obstáculos en la carrera, se ofreció a recompensar generosamente a Mirtilo si conseguía refrenar de algún modo la carrera de su padre. Mirtilo quitó las pezoneras a los ejes del carro de Enómao y las sustituyó con otras de cera. Cuando los carros llegaron al cuello del Istmo y Enómao, en su persecución furiosa, levantaba
la lanza para atravesar la espalda de Pélope, las ruedas de su carro se desprendieron, quedó enredado entre los restos y murió arrastrado por los caballos. Su ánima ronda todavía alrededor de la estatua «excita-caballos» de Olimpia. Hay quienes dicen, no obstante, que la rapidez del carro y los caballos alados de Posidón permitieron fácilmente a Pélope adelantarse a Enómao y llegar al Istmo antes que él, y que Enómao se mató desesperado, o le mató Pélope en el poste que marcaba el final de la carrera. Según otros, la competencia se realizó en el hipódromo de Olimpia, y Anfiónle dio a Pélope un objeto mágico que él enterró junto al excita-caballos de modo que las caballerías de Enómao se desbocaron y destrozaron el carro. Pero todos están de acuerdo en que Enómao, antes de morir, maldijo a Mirtilo y rogó que pereciera a manos de Pélope.
k. Entonces Pélope, Hipodamía y Mirtilo salieron para hacer una excursión nocturna a través del mar. «¡Ay! —exclamó Hipodamía—. No he bebido nada durante todo el día; me abrasa la sed.» El
sol se ponía y Pélope se detuvo en la isla desierta de Helene, que se halla no lejos de la isla de Eubea, y fue a la ribera en busca de agua. Cuando volvió con el yelmo lleno, Hipodamía corrió llorando hacia él y se quejó de que Mirtilo había tratado de violarla. Pélope reprendió severamente a Mirtilo y le golpeó en el rostro, pero él protestó indignado: «Esta es la noche de bodas, en la que
me juraste que gozaría a Hipodamía. ¿Acaso piensas faltar a tu juramento?» Pélope no contestó, pero le quitó las riendas a Mirtilo y siguieron adelante. Cuando se acercaban al cabo Geresto —el
promontorio más meridional de Eubea, ahora coronado con un notable templo de Posidón— Pélope dio de pronto a Mirtilo un puntapié que lo mandó de cabeza al mar, y Mirtilo, mientras se hundía,
maldijo a Pélope y a toda su familia.
l. Hermes puso la imagen de Mirtilo entre las estrellas como la constelación del Auriga, pero su cadáver fue llevado por el agua a la costa de Eubea y lo enterraron en la Feneo arcadia, detrás del
templo de Hermes; una vez al año se le ofrecen allí sacrificios nocturnos como héroe. El Mar Mirtoano, que se extiende desde Eubea, pasando por Helene, hasta el Egeo, se cree generalmente
que recibió su nombre de Mirtilo más bien que, como insisten los cúbeos, de la ninfa Mirto.
m. Pélope siguió adelante, hasta que llegó a la corriente occidental del Océano, donde Hefesto le purificó de su culpa de homicidio; luego volvió a Pisa y ocupó el trono de Enómao. Pronto subyugó
casi todo el territorio de lo que se llamaba entonces Apia, o Pelasgiótide, nombre que cambió él, por el de Peloponeso, que significa «la isla de Pélope». Su valor, su buen juicio, su riqueza y sus
numerosos hijos le ganaron la envidia y la veneración de toda Grecia.

n. Pélope le quitó Olimpia al rey Epeo y la anexó a su reino de Pisa; pero como no pudo vencer al rey Estínfalo de Arcadia por la fuerza de las armas, lo invitó a un debate amistoso, lo descuartizó y
diseminó sus miembros por todas partes; crimen que causó un hambre en toda Grecia. Pero su celebración de los Juegos Olímpicos en honor de Zeus, alrededor de una generación después de
Endimión, fue la más espléndida jamás realizada.
o. Para reparar el asesinato de Mirtilo, que era hijo de Hermes, Pélope construyó el primer templo de Hermes en el Peloponeso; trató también de aplacar al ánima de Mirtilo construyéndole un cenotafio en el hipódromo de Olimpia y rindiéndole honores de héroe. Algunos dicen que ni Enómao, ni el rencoroso Alcátoo, ni el objeto mágico que enterró Pélope son el verdadero espantador de los caballos: es el espíritu de Mirtilo.
p. Sobre la tumba de los infortunados pretendientes de Hipodamía, en el lado más lejano del río Alfeo, erigió Pélope un alto túmulo y les rindió también a ellos honores de héroes; y alrededor de un estadio de distancia, más o menos, se halla el templo de Ártemis Cordas llamado así porque losseguidores de Pélope celebraron allí sus victorias  bailando la Danza de la Cuerda, que habían llevado de Lidia.
q. El templo de Pélope, donde se conservan sus huesos en un cofre de bronce, fue dedicado por Heracles Tirintio, su nieto, cuando fue a celebrar los Juegos Olímpicos; y los magistrados eleáticos todavía ofrecen a Pélope el sacrificio anual de un carnero negro, asado en un fuego de maderas de. álamo blanco. A los que comen de esa víctima se les prohibe entrar en el templo de Zeus hasta que se han bañado, y el cuello le corresponde tradicionalmente al guardabosque. El templo se llena todos los años con visitantes; los jóvenes se flagelan en el altar de Pélope y le ofrecen una libación de su sangre. Se exhibe su carro en el techo del Anactorio de Hiasia; los sicionios conservan su espada con puño de oro en su tesoro de Olimpia, y su cetro en forma de lanza, en Queronea, es quizá la única obra auténtica de Hefesto todavía existente. Zeus se lo envió a Pélope por medio de Hermes y Pélope lo legó al rey Atreo.
r. A Pélope se le llama también «croniano» y «Apaleador de caballos» y los aqueos lo consideran su antecesor.
1. Según Pausanias y Apolodoro, Tántalo nunca salió del Asia Menor; pero otros autógrafos se refieren a él y a Pélope como reyes nativos de Grecia. Esto indica que sus nombres eran títulos dinásticos llevados por los primitivos colonos griegos al Asia Menor, donde fueron atestiguados con altares de héroes; y traídos de vuelta por emigrantes con anterioridad a la invasión aquea del Peloponeso en el siglo XII a. de C. Sabemos por las inscripciones hititas que hubo reyes helenos en Pamfilia y en Lesbos ya en el siglo XIV a. de C. Los pelopotantálidas parecen haber expulsado a la dinastía cretanizada de «Enómao» de la Monarquía Suprema del Peloponeso.

2. El caballo, que había sido un animal sagrado en la Grecia pelásgica mucho antes del culto del carro solar, era un caballito europeo nativo dedicado a la Luna, no al Sol.

El caballo transcaspiano mayor llegó a Egipto con los invasores hicsos en 1850 a. de C. — los carros tirados por caballos desplazaron a los carros tirados por asnos en las fuerzas armadas egipcias alrededor del año 1500 a. de C.— y a Creta antes de la caída de Cnosos un siglo después. La prohibición religiosa de Enómao respecto a las mulas estaría asociada quizá con la muerte de Cilo: en Grecia, como en Roma, fue suprimido el culto del asno cuando el carro del sol se convirtió en el símbolo de la realeza. Casi la misma reforma religiosa tuvo lugar en Jerusalén (2 Reyes xxiii. 11), donde en la época de Josefo sobrevivía la tradición de un culto del asno anterior (Josefo: Contra Apion ii.7 y 10). Helio del carro solar, deidad aquea, se identificó entonces en diferentes ciudades con el Zeus solar o el Posidón solar, pero el asno se convirtió en el animal de Crono, a quien Zeus y Posidón habían destronado, o de Pan, Sileno y otras divinidades secundarias anticuadas. Había también un Apolo solar; puesto que Píndaro menciona su aborrecimiento de los asnos, habrá sido el Apolo de Cileno al que los hiperbóreos ofrecían hecatombes de asnos.

3. Enómao, que representaba a Zeus como el Sol encarnado, es llamado, en consecuencia, hijo de Asteria, que gobernaba el Cielo más bien que de una Pléyade del mismo nombre; y la reina Hipodamía, mediante el matrimonio con la cual llegó a ser rey,representaba a Hera como la Luna encarnada. La descendencia siguió siendo matrilineal en el Peloponeso, lo que aseguraba la buena voluntad de los campesinos conservadores. El reinado del rey no podía prolongarse más allá del Gran Año de cien meses, en el ultimo de los cuales coincidían el calendario solar y el lunar; entonces estaba destinado a ser muerto por caballos. Como una nueva concesión al culto anterior de Pisa, donde el representante de Zeus era muerto por su heredero en cada solsticio estival, Enómao accedió a morir fingidamente en siete solsticios estivales sucesivos, designando en cada ocasión un sustituto para que ocupara su lugar durante veinticuatro horas y fuera en el carro del sol junto a la reina. Al término de este día el sustituto moría en un accidente de carro y el Rey salía de la tumba donde había estado escondido para reanudar su reinado. Esto explica el mito de Enómao y los pretendientes, otra versión del cual aparece en el de Eveno. Los mitógrafos deben estar equivocados cuando mencionan «doce o trece» pretendientes. Estas cifras se refieren a las lunaciones —alternativamente doce y trece— de un año solar, no a los sustitutos; así en la carrera de carros de Olimpia se daba doce veces la vuelta al estadio en honor de la diosa Luna. Pélope es el modelo del octavo príncipe afortunado que se libra del accidente del carro y puede matar al rey viejo con su propio cetro-lanza.

4. Este accidente anual del carro se representaba en el hipódromo. El sustituto podía conducir sus caballos —los cuales, a juzgar por el mito de Glauco, parecen haber sido enloquecidos con drogas— por el trecho recto sin que le ocurriera nada, pero cuando daba la vuelta alrededor de la estatua de mármol blanco, llamada el Marmaranax («rey de mármol») o el Excita-Caballos, la rueda exterior se desprendía por falta de pezonera, el carro se derrumbaba y los caballos arrastraban al sustituto y le mataban. El mirto era el árbol de la muerte, el del decimotercer mes al término del cual se producía el accidente del carro (véase 101.2); de aquí que se diga que Mirtilo quitó las pezoneras de metal y las sustituyó por otras de cera —la fusión de la cera causó también la muerte de Icaro, el sustituto del rey Sol— y maldijo a la casa de Pélope.

5. En la segunda mitad del mito se confunde a Mirtilo con el sustituto. Como interrex, el sustituto tenía derecho a acompañar a la reina en el carro del sol y a dormir con ella durante la única noche de su reinado; pero al amanecer del siguiente día el rey viejo le destruía y, metafóricamente, continuaba el viaje en su carro solar al extremo oeste, donde se purificaba en la corriente del Océano. La caída de Mirtilo del carro al mar es una condensación de mitos: a unas pocas millas al este del Hipódromo en que se realizaban los Juegos ístmicos el sustituto «Melicertes», en cuyo honor se habían fundado, era arrojado desde un risco y una ceremonia idéntica se realizaba probablemente en Geresto, donde murió Mirtilo. También en Tebas y Yolcos había Espantadores de Caballos, lo que indica que también allí se representaban en los hipódromos los accidentes de los carros. Pero como el Hipódromo de Olimpia, consagrado al Zeus solar, y el Hipódromo del Istmo, consagrado al Posidón solar, estaban asociados con la leyenda de Pélope, los mitógrafos han presentado la competencia como una carrera a campo traviesa entre ellos. Lesbos entra en la fábula quizá porque «Enómao» era un título dinástico lesbio.
6. La entrada de Anfión en este mito, aunque era tebano, se explica porque era también nativo de Sición en el Istmo. «Mirto» sería un título de la diosa del Mar como destructora, y la primera sílaba significaba «mar», como en Mirtea, «diosa del mar»; Mirtoesa, forma más larga de Mirto, era uno de los títulos de Afrodita. Por lo tanto, Mirtilo puede significar originalmente «falo del mar»: myr-tylos.

7. Pélope descuartiza a Estínfalo, como según se dice había hecho con él Tántalo; esta forma más antigua del sacrificio del rey ha sido correctamente referida desde Arcadia. Efectivamente, los pelópidas parecen haber patrocinado varios cultos locales además del carro del sol: a saber, el culto pastoril arcadio del roble y el carnero, atestiguado por la relación de Pélope con Tántalo y su sacrificio de un carnero negro en Olimpia; el culto de la perdiz en Creta, Troya y Palestina, atestiguado por la danza cordax; el culto de los Titanes, atestiguado por el título de «Croniano» de Pélope; el culto de la marsopa y el culto del dios asno, en cuanto que el espíritu de Cilo le ayudó en la carrera.
8. La matanza de las yeguas de Mármax puede referirse a la ceremonia de coronación de Enómao, que implicaba el sacrificio de yeguas. Una «manzana cidonia», o membrillo, tendría en la mano la diosa de la Muerte, Atenea, a la que hizo el sacrificio Pélope, como su salvoconducto para los Campos Elíseos; y el álamo blanco, utilizado en sus ritos heroicos, simbolizaba la esperanza de reencarnación, después de haber sido descuartizado, porque a los que iban al Elíseo se les concedía la prerrogativa del renacimiento.Una estrecha semejanza con el derramamiento de sangre en el altar olímpico de Pélope tiene la flagelación de los jóvenes espartanos atados a la imagen de Artemis Erguida. Pélope era, en realidad, la víctima y sufrió en honor a la diosa Hipodamía.

Tántalo

a. La ascendencia y el origen de Tántalo son motivo de discusión. Su madre era Pluto, hija de
Cronos y Rea, o, según dicen algunos, de Océano y Tetis; y su padre Zeus o Tmolo, el dios con
corona de roble del monte Tmolo que, con su esposa Ónfale, gobernaba en el reino de Lidia y había
juzgado el certamen entre Pan y Apolo. Sin embargo, algunos llaman a Tántalo rey de Argos o de
Corinto; y otros dicen que fue al norte desde el monte Sípilo en Lidia para gobernar el país de
Paflagonia, de donde, por haber incurrido en la ira de los dioses, fue expulsado por el frigio Ilo, a
cuyo hermano menor Ganimedes había raptado y seducido.
b. Por su esposa Eurianasa, hija del dios fluvial Pactólo; o por Euritemiste, hija del dios fluvial
Janto; o por Clitia, hija de Anfidamante; o por la pléyade Dione, Tántalo fue padre de Pélope,Níobe y Bróteas. Sin embargo, algunos llaman a Pélope bastardo, o hijo de Atlante y la ninfa
Linos.
c. Tántalo era amigo íntimo de Zeus, quien lo admitía en los banquetes de néctar y ambrosía del
Olimpo, hasta que la buena suerte le trastornó la cabeza, reveló los secretos de Zeus y robó los manjares divinos para compartirlos con sus amigos mortales. Antes que se descubriera este delito cometió otro peor. Habiendo invitado a los olímpicos a un banquete en el monte Sípilo, o quizás en Corinto, Tántalo descubrió que los alimentos que tenía en la despensa eran insuficientes para los invitados y entonces no se sabe si para poner a prueba la omnisciencia de Zeus, o simplemente para poner de manifiesto su buena voluntad, despedazó a su hijo Pélope y agregó los pedazos al guisado preparado para los dioses, como habían hecho los hijos de Licaón con su hermano Níctimo
cuando agasajaron a Zeus e lo rechazaron con horror, todos menos Deméter, quien, trastornada por haber perdido a Perséfone,
comió la carne de la paletilla izquierda.
d. Por estos dos delitos fue castigado Tántalo con la ruina de su reino y, después de su muerte por la
mano de Zeus, con el tormento eterno en compañía de Ixión, Sísifo, Ticio, las Danaides y otros.
Ahora cuelga, consumido perennemente por la sed y el hambre, de la rama de un árbol frutal que se incuria sobre un lago pantanoso. Sus olas le llegan a la cintura, y a veces a la barbilla, pero cuando
se inclina para beber retroceden y no dejan más que el negro cieno a sus pies; o, si alguna vez logra
recoger un puñado de agua, ésta se desliza entre sus dedos y lo único que consigue es humedecer
sus labios agrietados, quedándose más sediento que antes. Él árbol está cargado de peras, manzanas
brillantes, higos dulces, olivas y granadas maduras, pero cada vez que tiende la mano para tomar un
fruto suculento una ráfaga de viento lo pone fuera de su alcance.
e. Además, una piedra enorme, un risco del monte Sípilo, sobresale por encima del árbol y amenaza
eternamente con aplastar el cráneo de Tántalo. Este es su castigo por un tercer delito: el robo,
agravado con el perjurio. Un día, cuando Zeus era todavía un infante en Creta y le amamantaba la
cabra Amaltea, Hefesto le hizo a Rea un mastín de oro para que guardara al niño; este mastín llegó
a ser luego el guardián de su templo en Dicte. Pero Pandáreo, hijo de Merope, nativo de la Mileto
lidia, o quizá cretense —si, en verdad, no era efesio— se atrevió a robar el mastín y lo llevó a
Tántalo para que lo custodiara en el monte Sípilo. Cuando terminó la alarma causada por el robo,
Pandáreo pidió a Tántalo que le devolviera el mastín, pero Tántalo juró por Zeus que nunca había
visto ni oído hablar de un perro de oro. Cuando este juramento llegó a oídos de Zeus, ordenó a
Hermes que investigara el asunto, y aunque Tántalo siguió perjurando, Hermes recuperó el perro
por la fuerza o mediante una estratagema, y Zeus aplastó a Tántalo bajo un risco del monte Sípilo.
Todavía se muestra el lugar cerca del lago Tantálido, guarida de cisnes-águilas blancos. Más tarde,Pandáreo y su esposa Harmótoe huyeron a Atenas, y de allí a Sicilia, donde perecieron
miserablemente.

f. Según otros, sin embargo, fue Tántalo quien robó el mastín de oro y Pandáreo aquel a quien lo
confió y quien, por haber negado que lo había recibido, fue destruido, juntamente con su esposa,
por los dioses airados, o convertido en piedra. Pero las hijas huérfanas de Pandáreo, Merope y
Cleotera, a las que algunos llaman Camiro y Clitia, fueron criadas por Afrodita con cuajadas, miel
y vino dulce. Hera las dotó con belleza y una sabiduría más que humana; Artemis las hizo altas y
fuertes; Atenea las instruyó en todas las artes manuales conocidas. Es difícil comprender por qué
estas diosas mostraron tal solicitud, o eligieron a Afrodita para que ablandara el corazón de Zeus
con respecto a esas huérfanas y arreglara buenos casamientos para ellas, a menos, por supuesto, que
hubieran animado a Pandáreo para que cometiese el robo. Zeus tuvo que haber sospechado algo,
pues mientras Afrodita estaba encerrada con él en el Olimpo, las Harpías se apoderaron de las tres
muchachas con su consentimiento y las entregaron a las Erinias, quienes les hicieron sufrir
sustitutívamente por los pecados de su padre.

g. Este Pandáreo fue también el padre de Aedón, esposa de Zeto, a quien dio como hijo Itilo. A
Aedón le atormentaba la envidia que sentía por su hermana Níobe, quien gozaba del amor de seis
hijos y seis hijas, y cuando trató de matar a Sípilo, el mayor de ellos, mató por error a Itilo; Zeus la
transformó inmediatamente en un ruiseñor que, a comienzos del verano, lamenta todas las noches a
su hijo asesinado,
h. Después de castigar a Tántalo, Zeus se dio el placer de resucitar a Pélope; para ello ordenó a
Hermes que recogiera los miembros y los volviera a hervir en la misma caldera, sobre la cual
pronunció un hechizo. Entonces la Parca Cloto los rearticuló; Deméter le dio una paletilla de
marfil, para sustituir a la que había comido, y Rea le insufló la vida, mientras Pan danzaba
alegremente36.
i. Pélope salió de la caldera mágica revestido con una belleza tan radiante que Posidón se enamoró
de él al instante y lo llevó al Olimpo en un carro tirado por caballos de oro. Allí le nombró su
copero y compañero de lecho, como Zeus posteriormente nombró a Ganimedes, y le alimentó con
ambrosía. Pélope advirtió por primera vez que su hombro izquierdo era de marfil cuando se
desnudó el pecho para florar a su Níobe. Todos los verdaderos descendientes de Pélope están
marcados de ese modo, y después de su muerte la paletilla de marfil fue guardada en Pisa.
j. Entretanto, Eurianasa, la madre de Pélope, lo buscaba diligentemente, pues ignoraba su ascensión
al Olimpo; se enteró por los marmitones de que lo habían hervido y servido a los dioses, que
parecían haber comido hasta el último trozo de su carne. Esta versión de la fábula se hizo corriente
en toda Lidia; muchos la creen todavía y niegan que el Pélope a quien Tántalo hirvió en la caldera
era el mismo Pélope que le sucedió38.
k. Bróteas, el hijo feo de Tántalo, talló la imagen más antigua de la Madre de los Dioses, la que
todavía se halla en la Peña Codina, al norte del monte Sípilo. Era un cazador famoso, pero se
negaba a honrar a Artemis, y ésta lo enloqueció; gritando que ninguna llama podía quemarlo, se
arrojó sobre una pira encendida y dejó que las llamas lo consumieran. Pero algunos dicen que se
suicidó porque todos aborrecían su fealdad. El hijo de Bróteas y su heredero fue llamado Tántalo en
honor de su abuelo.
1. Según Estrabón, Tántalo, Pélope y Níobe eran frigios; y cita a Demetrio de
Scepsis, y también a Calístenes, según los cuales la familia derivaba su riqueza de
las minas de Frigia y el monte Sípilo. Además, en Niobe de Esquilo  se dice que los Tantálidas tenían «un altar de Zeus, su dios paternal, en el monte
Ida»; y Sípilo es situado en «la tierra idea». Democles, a quien Estrabón cita de segunda
mano, interpreta racionalmente el mito de Tántalo diciendo que su reinado se caracterizó
por violentos terremotos en Lidia y Jonia, hasta Tróade; aldeas enteras desaparecieron, el
monte Sípilo se derrumbó, los pantanos se convirtieron en lagos y Troya quedó sumergida
. Según Pausanias, también una ciudad situada en el monte Sípilo
desapareció en una sima, que luego se llenó de agua y se convirtió en el lago Saloé, o
Tántalis. Las ruinas de la ciudad podían ser vistas en el fondo del lago hasta qué éste quedó
obstruido por el aluvión de una corriente de agua montañesa. Plinio
conviene en que Tántalis fue destruida por un terremoto, pero
constata que se construyeron tres ciudades sucesivas en su sitio antes que quedara
sumergida finalmente.
2. Sin embargo, la opinión histórica de Estrabón, aunque arqueológicamente admisible, no
explica la relación de Tántalo con Argos, Corinto y la Mileto cretense. La roca que pende
sobre él en el Tártaro, siempre a punto de caer, lo identifica con Sísiío de Corinto, cuyo
castigo igualmente perpetuo se dedujo de una representación gráfica que mostraba al titán
Sol empujando trabajosamente el disco solar hacia arriba por k ladera del Qelo hasta el cénit. El escoliasta sobre Píndaro se daba cuenta vagamente de esta identificación,
pero explicó racionalmente el castigo de Tántalo señalando que «algunos entienden que la
piedra representa al sol, y Tántalo a un físico que sufre el castigo por haber demostrado que
el sol es una masa de metal incandescente» (Escoliasta sobre las Odas olímpicas de Píndaro
i.97). Confusamente, esta representación gráfica del titán Sol se ha combinado con otra: la
de un hombre que atisba angustiado a través de un entrelazamiento de ramas cargadas de
frutos y con el agua hasta la barbilla, castigo que los retóricos utilizaban como una alegoría
del destino que esperaba a los ricos y codiciosos (Servio sobre la Eneida de Virgilio vi.603;
Fulgencio: Compendio mitológico ii.18). A las manzanas, peras, higos y otros frutos que
cuelgan sobre los hombros de Tántalo les llama Fulgencio «frutos del Mar Muerto», de los
que dice Tertuliano que «tan pronto como se toca con el dedo la mangana se convierte en
cenizas».
3. Para comprender esta escena es necesario recordar que al padre de Tántalo, Tmolo, se le
describe como habiendo sido enguirnaldado con roble, y que su hijo Pélope, uno de cuyos
nietos se llamaba también Tántalo (véase 112.c), gozaba de los ritos de héroe en Olimpia en
los que intervenía el «guardamontes de Zeus». Puesto que, como se conviene ahora
generalmente, los criminales del Tártaro eran dioses o héroes de la época preolímpica,
Tántalo representaría al rey sagrado anual, vestido con ramas llenas de frutos, como las que
se llevaban en las Oscoforias (véase 98.w) y que era arrojado a un río como pharmacos40,
39 Pausanias: iii.22.4; Apolodoto: Epítome ii.2; Ovidio; Ibis 517, con escoliasta
40 El que es inmolado en expiación por las faltas de otro. (N. ed. electr.)
costumbre sobreviviente en el ritual de Jorge Verde en los Balcanes descrito por Frazer. El
verbo tantalize, derivado de este mito, ha impedido que los eruditos se den cuenta de que
la agonía de Tántalo es causada no por la sed, sino por el temor de ahogarse o de la
subsiguiente inmolación en una pira, que fue el destino de su feo hijo Bróteas.
4. Platón puede tener razón cuando deriva Tantalus de talan tatos, «muy
desdichado», formado de la misma raíz, tla, «sufriente» o «paciente», que da los nombres de
Atlante y Telamón, ambos héroes del roble. Pero talanteuein significa «pesar moneda» y
puede ser una referencia a sus riquezas; y talanteuesthai puede significar «tambalear de lado
a lado», que es el modo de andar del rey sagrado con el muslo lisiado. Parece,
en consecuencia, que Tántalo es a la vez un titán Sol y un rey selvático, cuyo culto fue
llevado de Grecia al Asia Menor por la vía de Creta —a Pandáreo se le describe como
cretense— a mediados del segundo milenio a. de C. y se volvió a importar en Grecia hacia
su final, cuando el derrumbe del imperio hitita obligó a los ricos colonos de habla griega del
Asia Menor a abandonar sus ciudades.

5. Cuando los autógrafos alegaban que Tántalo era un huésped frecuente del Olimpo,
admitían que su culto había dominado en otro tiempo en el Peloponeso y, aunque a los
banquetes a los que los dioses invitaban a Tántalo se los distingue cuidadosamente del
banquete al que los invitó él, en todos los casos el manjar principal sería la misma sopa de
menudos que los pastores antropófagos de Arcadia del culto del roble prepararon para Zeus
Lobuno. Quizá no sea una coincidencia que en Normandía a la víctima del
Jorge Verde se la llame «Lobo Verde» y antiguamente se la arrojara viva a la hoguera del
solsticio estival. El acto de comer a Pélope, sin embargo, no se relaciona directamente con
el culto del lobo. La posición de Pélope como valido de Posidón, su nombre, «rostro barroso
o sucio», y la leyenda de su paletilla de marfil indican más bien un culto de la marsopa en el
Istmo —«delfín» en griego incluye a la marsopa— y sugiere que el
Paladión, hecho según se decía con sus huesos, era un objeto de culto
de marfil de marsopa. Esto explicaría por qué, según el escoliasta sobre las Odas olímpicas
de Píndaro, Tetis, la diosa del Mar, y no Deméter, come la paletilla de Pélope. Pero la antigua estatua sedente de Deméter de cabeza de yegua en Figalia tenía una paloma en la mano y un delfín (o marsopa) en la otra; y, como dice directamente Pausanias: «El motivo por el que se hizo así la imagen es evidente para cualquiera de inteligencia corriente que haya estudiado mitología». Quiere decir que ella presidía el culto del caballo, el culto del roble y el culto de la marsopa.

6. Este antiguo mito puso en aprietos a los autógrafos posteriores. No contentos con disculpar a Deméter de la acusación de haber comido deliberadamente carne humana y negando con indignación que todos los dioses comían lo que se les ponía delante, hasta el último bocado, inventaron una explicación superracionalista del mito. Tántalo, escribieron, era un sacerdote que reveló los secretos de Zeus a los no iniciados. En vista de lo cual los dioses lo depusieron y afligieron a su hijo con una enfermedad repugnante, pero los cirujanos lo cortaron y lo remendaron con injertos de hueso, dejando tantas cicatrices que parecía que lo habían descuartizado y luego habían vuelto a unir los pedazos (Tzetzes: Sobre Licofrón 152).

7. El robo del mastín de oro por Pandáreo debe ser interpretado como una continuación del robo de Cerbero por Heracles, lo que indica que los aqueos desafiaban la maldición mortal, tantalize: tentar, exasperar. (N. del T.) simbolizada por un perro, apoderándose de un objeto de culto consagrado a la diosa Tierra Rea (abuela de Tántalo) y confiriendo soberanía a su poseedor. Las diosas olímpicas apoyaban claramente el robo de Pandáreo, y el perro, aunque era propiedad de Rea, guardaba el templo del Zeus cretense que moría anualmente; por tanto, el mito indica no una violación original por los aqueos del altar de Rea, sino una recuperación temporal del objeto del culto por los devotos de la diosa.

8. La naturaleza del objeto del culto robado es incierta. Puede haber sido un cordero de oro, el símbolo de la soberanía pelópida; o el cetro con un cuclillo por contera que, como se sabe, Zeus había robado a Hera; o el Paladión de marfil de marsopa; o la bolsa de la égida con su contenido secreto. Es improbable que fuera un perro de oro, pues el perro no era el objeto del culto, sino su guardián; a menos que se trate de una versión del mito gales de Amathaon ap Don, quien robó un perro a Arawn («elocuencia»), rey de Annwm («Tártaro»), y de este modo pudo conocer el nombre secreto del dios Bran

9. Las tres hijas de Pandáreo, una de las cuales, Camiro, se llama igual que la más joven de las
tres Parcas rodias, son la diosa triple, aquí humillada por Zeus a causa de la
rebelión de sus devotos. La lealtad de Tántalo a la diosa se pone de manifiesto en las fíbulas de su hijo Bróteas, quien talló su imagen en el monte Sípilo, y de su hija Níobe, sacerdotisa de la Diosa Blanca, quien desafió a los Olímpicos y cuya ave era el cisne-águila blanco del lago Tántalis. Ónfale, el nombre de la madre de Tántalo, indica un templo-ombligo
profético como el de Delfos.

10. El pharmacos anual era elegido por su extrema fealdad, lo que explica a Bróteas. Hay constancia de que en el Asia Menor al pharmacos primeramente se le golpeaba en los órganos genitales con cebolla albarrana al son de flautas lidias —Tántalo y su padre, Tmolo, están asociados en la
leyenda con las flautas lidias— y luego lo quemaban en una pira de leña; más tarde
arrojaban sus cenizas al mar (Tzetzes: Historia xxiii, 726-56, citando a Hipponax, siglo vi a.
de C). En Europa parece haberse invertido el orden: al pharmacos del Verde Jorge
primeramente le zambullían en el agua, luego le golpeaban y por fin lo quemaban.

Los Epílogos

a. Los hijos de los siete paladines caídos en Tebas juraron vengar a sus padres. Se los llama los Epígonos. El oráculo de Delfos les prometió la victoria si Alcmeón, hijo de Ánfiarao, se hacía cargo del mando. Pero él no deseaba atacar a Tebas y discutió acaloradamente la conveniencia de la campaña con su hermano Anfíloco. Al ver que no lograban ponerse de acuerdo sobre si debían o no hacer la guerra, sometieron la decisión a su madre Erifile. Como esta situación no se daba por primera vez, Tersandro, el hijo de Polinices, siguió el ejemplo de su padre: sobornó a Erifile con la túnica mágica que Atenea había dado a su antepasada Harmonía al mismo tiempo que Afrodita le había entregado el collar mágico. Erifile se decidió por la guerra y Alcmeón asumió el mando a regañadientes.
b. En la batalla librada ante las murallas de Tebas los Epígonos perdieron a Egialeo, hijo de Adrasto, y Tiresias, el adivino, advirtió a los tébanos que su ciudad sería saqueada. Anunció que las murallas estaban destinadas a resistir sólo mientras permaneciera vivo uno de los siete paladines originales, y Adrasto, el único sobreviviente, moriría de pena cuando se enterara de la muerte de Egialeo. En consecuencia, lo mejor que podían hacer los tebanos era huir esa misma noche. Tiresias añadió que le daba igual que siguieran o no su consejo, pues estaba destinado a morir tan pronto como Tebas cayera en poder de los argivos. Así pues, a cubierto de la oscuridad, los tebanos escaparon hacia el norte con sus esposas, hijos, armas y unos cuantos bienes, y cuando se hallaron lo bastante lejos hicieron alto y fundaron la ciudad de Hestiea. Al amanecer, Tiresias, que iba con ellos, se detuvo para beber en el manantial de Tilfusa y falleció repentinamente.

c. Ese mismo día, que fue el mismo en que Adraste se enteró de la muerte de Egialeo y murió dé pena, los argivos, al ver que había sido evacuada Tebas, entraron en ella, demolieron las murallas y recogieron el botín. Enviaron la mejor parte a Apolo en Deífos, incluyendo a la hija de Tiresias, Manto o Dafne, que se había quedado en la ciudad y que llegó a ser su pitonisa19.

d. Con esto no terminó el asunto. Casualmente, en presencia de Alcmeón, Tersandro se jactó de que la mayor parte del mérito por la victoria argiva se le debía a él, pues había sobornado a Enfile, como su padre Polinices había hecho anteriormente, para que diera la orden de marcha. Alcmeón supo así por primera vez que la vanidad de Erifile había causado la muerte de su padre, y podía haber causado también la suya. Consultó al oráculo de Delfos y Apolo le contestó que Erifile merecía la muerte. Alcmeón interpretó equivocadamente la respuesta de Apolo como una exhortación al matricidio y a su regreso mató a Erifile, según algunos con la ayuda de su hermano Anfíloco. Pero Erifile, moribunda, maldijo a Alcmeón y gritó: «¡Tierras de Grecia y Asia y de todo el mundo: negad asilo a mis asesinos!» Inmediatamente las Erinias vengadoras lo persiguieron y enloquecieron.

e. Alcmeón huyó primeramente a Tesprocia, donde le negaron la entrada, y luego a Psófide, donde el rey Fegeo le purificó por consideración a Apolo. Fegeo le casó con su hija Arsínoe, a quien Alcmeón dio el collar y la túnica que había llevado en su equipaje. Pero las Erinias, sin tener en cuenta esa purificación, siguieron molestándole y la tierra de Psófide se hizo estéril a causa de él.

Entonces, el oráculo de Delfos aconsejó a Alcmeón que se acercara al dios fluvial Aqueloo, que le purificó una vez más. Se casó con la hija de Aqueloo, Calírroe, y se instaló en un terrenorecientemente formado por el aluvión del río y que no estaba incluido en la maldición de Erifila. Allí vivió en paz durante un tiempo.

f. Un año después Calírroe, temiendo perder su belleza, se negó a admitir a Alcmeón en su lecho a menos que le diese el collar y la túnica célebres. Por amor a Calírroe se atrevió a volver a Psófide, donde engañó a Fegeo: sin mencionar su casamiento con Calírroe, inventó una predicción del oráculo de Delfos según la cual nunca se libraría de la persecución de las Erinias hasta que hubiera dedicado la túnica y el collar al templo de Apolo. Fegeo hizo inmediatamente que Arsínoe se las entregara, de lo que se alegró ella, pues creía que Alcmeón volvería a ella tan pronto como le dejaran las Erinias, quienes volvían a perseguirle con ahínco. Pero uno de los sirvientes de Alcmeón reveló indiscretamente la verdad acerca de Calírroe, y Fegeo se irritó de tal modo que ordenó a sus hijos que tendieran una emboscada y mataran a Alcmeón cuando saliera del palacio.

Arsínoe presenció el asesinato desde una ventana, y como no estaba enterada de la doblez de Alcmeón, vituperó en voz alta a su padre y hermanos por haber violado el derecho de hospitalidad y haberla hecho viuda. Fegeo le suplicó que guardara silencio y escuchase mientras él se justificaba, pero Arsínoe se tapó los oídos y les deseó una muerte violenta a él y sus hermanos antes de la siguiente luna nueva. En represalia, Fegeo la encerró en un arca y la regaló como esclava al rey de Nemea, y al mismo tiempo dijo a sus hijos: «Llevad esta túnica y estecollar a Apolo Deifico. Él procurará que no causen más desgracias.»

g. Los hijos de Fegeo le obedecieron. Pero, entretanto, Calírroe, informada de lo que había sucedido en Psófide, rogó que sus hijos infantes tenidos de Alcmeón se convirtieran en hombres maduros en un día y vengaran su asesinato. Zeus oyó su súplica, y los hijos de Calírroe se convirtieron de pronto en hombres maduros, tomaron las armas y fueron a Nemea, donde, como ya sabían, los hijos de Fegeo habían interrumpido su viaje de regreso de Delfos con la esperanza de convencer a Arsínoe para que retirara su maldición. Trataron de decirle la verdad acerca de Alcmeón, pero ella no quiso escucharles tampoco, y los hijos de Calírroe no sólo los sorprendieron y mataron, sino que además se apresuraron a ir a Psófide y mataron también a Fegeo antes que la siguiente luna apareciera en el firmamento. Como ningún rey o dios fluvial de Grecia consintió en purificarlos de sus crímenes, viajaron hacia el oeste hasta el Epiro y colonizaron Acarnania, llamada así por el mayor de los dos, Acarnán.

h. La túnica y el collar eran exhibidos en Delfos hasta la Guerra Santa [siglo iv a. de C.], cuando el bandido focio Failos los robó, y no se sabe si el collar de ámbar engastado en oro que los habitantes de Amatos pretenden que es el de Erifile es auténtico o falso20.

i. Y algunos dicen que Tiresias tuvo dos hijas, Dafne y Manto. Dafne permaneció virgen y llegó a ser una Sibila, pero Alcmeón engendró a Anfíloco y Tisífone con Manto antes de enviarla a Apolo en Delfos; confió ambos niños al rey Creonte de Corinto. Años después, la esposa de Creonte, celosa de la belleza extraordinaria de Tisífone, la vendió como esclava, y Alcmeón, sin saber quién era, la compró para que le sirviera como criada, pero  afortunadamente se abstuvo del incesto. En cuanto a Manto, Apolo la envió a Colofón en Jonia, donde se casó con Racio, rey de Caria; su hijo fue Mopso, el famoso adivino21.

1. Esto es una narración de bardo popular que contiene pocos elementos míticos y que podía ser relatada en Tebas o Argos sin ofender a nadie; tenía interés para los habitantes de Psófide, Nemea y el valle del AqueÍoo, se proponía explicar la fundación de Hestiae y la colonización de Acarnania y poseía un fuerte sabor moral. Enseñaba la inestabilidad del juicio femenino, la insensatez de los hombres que complacen la vanidad o la codicia de las mujeres, la prudencia de escuchar a los adivinos que están fuera de toda sospecha, el peligro de interpretar equivocadamente los oráculos y la inevitable maldición que recae sobre cualquier hijo que mata a su madre aunque sea para aplacar al  espíritu de su padre asesinado

2. La continua facultad de Erifile de decidir entre la guerra y la paz es la característica más interesante de la fábula. El verdadero significado de su nombre, «muchas hojas», indica que era una sacerdotisa argiva de Hera a cargo de un oráculo de árbol, como el de Dodona . Si es así, ese árbol era probablemente un peral, consagrado a Hera . Tanto la «Guerra de los Siete contra Tebas», a la que Hesíodo llama la «Guerra del rebaño de Edipo», como su continuación aquí relatada, parecen haber precedido a la expedición de los Argonautas y a la Guerra de Troya y de primera intención se las puede referir al siglo XIV a. de C.

Los siete contra Tebas

 a. Tantos príncipes visitaron Argos con la esperanza de casarse con Egiea o Deípile, las hijas del rey Adraste, que, temiendo hacerse enemigos si escogía a dos de ellos como yernos, consultó con el
oráculo de Delfos. La respuesta de Apolo fue: «Unce a un carro de dos ruedas el jabalí y el león que luchan en tu palacio.»

b. Entre los menos afortunados de esos pretendientes se hallaban Polinices y Tideo. Polinices y su mellizo Eteocles habían sido elegidos co-reyes de Tebas después del destierro en Edipo, su padre.
Convinieron en reinar durante años alternados, pero Eteocles, a quien le tocó el primer plazo, no quiso entregar el trono al final del año, alegando la mala disposición mostrada por Polinices, y lo desterró de la ciudad. Tideo, hijo de Éneo de Calidón, había matado a su hermano Melanipo en una cacería; aunque alegaba que se trataba de una accidente, se había profetizado que Melanipo le mataría a él y en consecuencia los calidonios sospechaban que había tratado de prevenir su destino y lo desterraron a él también.

c. Ahora bien, el emblema de Tebas es un león y el de Calidonia un jabalí, y los dos pretendientes fugitivos exhibían esas figuras en sus escudos. Esa noche, en el palacio de Adrasto, comenzaron a
disputar sobre las riquezas y las glorías de sus ciudades respectivas y habría habido un asesinato si Adrasto no los hubiera separado y reconciliado. Luego, teniendo en cuenta la profecía, casó a Egiea
con Polinices y a Deípile con Tideo, con la promesa de restablecer a ambos príncipes en sus reinos, pero dijo que primeramente marcharían sobre Tebas, que quedaba más cerca12.

d. Adrasto reunió a sus jefes argivos: Capaneo, Hipomedonte, su cuñado Anfiarao el adivino, y su aliado arcadio Partenopeo, hijos de Meleagro y Atalanta, y les pidió que se armaran y partieran hacia el este. Sólo uno de esos paladines se mostró mal dispuesto a obedecer: era Anfiarao, quien, previendo que todos ellos, excepto Adrasto, morirían luchando contra Tebas, al principio se negó a ir.
e. Sucedió que Adrasto había disputado anteriormente con Anfiarao respecto a los asuntos de estado argivos y los dos hombres enfurecidos habrían podido matarse mutuamente de no ser por
Enfile, la hermana de Adrasto, que estaba casada con Anfiarao. Tomando su rueca, se interpuso entre ellos, les sacó las espadas a golpes y les hizo jurar que acatarían siempre su decisión en cualquier disputa futura. Informado de este juramento, Tideo llamó a Polinices y le dijo:
—Enfile teme que esté perdiendo su belleza; ahora bien, si tú le ofreces el collar mágico que fue el regalo de boda de Afrodita a tu antepasada Harmonía, la esposa de Cadmo, pronto arreglaría la
disputa entre Anfiarao y Adrasto obligándole a él a venir con nosotros.
f. Esto se hizo discretamente y partió la expedición encabezada por los siete paladines: Polinices,
Tideo y los cinco argivos13. Pero algunos dicen que Polinices no era uno de los siete y agregan el
nombre del argivo Eteoclo, hijo de Ifis14.
g. Su marcha los llevó a través de Nemea, donde reinaba Licurgo. Cuando pidieron permiso para
que sus soldados pudieran beber en su región, Licurgo se lo dio y su sierva Hipsípila los condujo al
manantial más próximo. Hipsípila era una princesa lemnea, pero cuando las mujeres de Lemnos
juraron matar a todos sus hombres en venganza por el daño que les habían hecho, ella salvó la vida
de su padre Toante, por lo que la vendieron inmediatamente como esclava, y allí estaba, como
niñera de Ofeltes, el hijo de Licurgo. Dejó al niño un momento mientras guiaba al ejército argivo al
manantial, ocasión que aprovechó una serpiente para enroscarse alrededor de la criatura y morderla
mortalmente. Adrasto y sus soldados volvieron del manantial demasiado tarde para hacer otra cosa
que matar a la serpiente y enterrar al niño.

h. Cuando Anfiarao les advirtió que ésa era una señal de mal agüero, ellos instituyeron los Juegos
Nemeos en honor del niño, llamándole Arquémoro, que significa «el iniciador de la condena»; y
cada uno de los paladines tuvo la satisfacción de ganar una de las siete pruebas. Los jueces de los
Juegos Nemeos, que se celebran cada cuatro años, llevan desde entonces túnicas negras en duelo
por Ofeltes y la corona del vencedor está tejida con perejil infausto15.
i. Cuando llegaron a Citerón, Adrasto envió a Tideo como heraldo para que exigiese a los tebanos que Eteocles abdicase el trono en favor de Polinices. Al ser rechazada esa exigencia, Tideo desafió a sus jefes a combate singular, uno después de otro, y salió victorioso de todos los encuentros; pronto no hubo ya más tebanos que se atreviesen a presentarse. Entonces los argivos se acercaron a las murallas de la ciudad, y cada uno de los paladines se apostó delante de una de las siete puertas.

j. El adivino Tiresias, con quien consultó Eteocles, profetizó que los tebanos saldrían victoriosos sólo si un príncipe de la casa real se ofrecía voluntariamente como sacrificio a Ares; inmediatamente Meneceo, el hijo de Creonte, se dio muerte delante de las puertas, así como su homónimo y abuelo se había arrojado de cabeza desde las murallas en una ocasión anterior. La profecía de Tiresias se realizó: los tebanos fueron derrotados en una escaramuza y se retiraron a la ciudad, pero tan pronto como Capaneo colocó una escala de sitio contra la muralla y comenzó a subir por ella, Zeus lo mató con un rayo. Al ver eso, los tebanos se envalentonaron, hicieron una salida furiosa y mataron a otros tres de los siete paladines; y uno de ellos, que por casualidad se llamaba Melanipo, hirió a Tideo en el vientre. Atenea sentía afecto por Tideo y, compadecida de él cuando yacía medio muerto, se apresuró a pedir a su padre Zeus un elixir infalible que muy pronto le habría puesto de nuevo en pie. Pero Anfiarao odiaba a Tideo porque había obligado a los argivos a marchar y, como era perspicaz, corrió adonde estaba Melanipo y le cortó la cabeza. «¡Esta es tu venganza!» —exclamó— «¡Abre el cráneo y trágate los sesos!» Tideo lo hizo, y Atenea, que llegó en aquel momento con el elixir, lo vertió en tierra y se retiró disgustada.

k. Sólo Polinices, Anfiarao y Adrasto quedaban de los siete paladines; y Polinices, para evitar más muertes, propuso que se decidiera la sucesión al trono mediante un combate singular con Eteocles. Eteocles aceptó el desafío y en una lucha enconada cada uno de ellos hirió mortalmente al otro. Creonte, su tío, se hizo cargo del mando del ejército tebano y venció a los argivos desalentados.

Anfiarao huyó en su carro por la ribera del río Ismeno, y estaba a punto de ser atravesado por la espalda por un tebano que le perseguía cuando Zeus abrió la tierra con un rayo y Anfiarao desapareció sin dejar rastro, con carro y todo, y ahora reina vivo entre los muertos. Batón, su auriga, desapareció con él16.

l. Al ver que habían sido derrotados, Adrasto montó en su caballo alado Arión y huyó; pero cuando más tarde se enteró de que Creonte no permitía que se enterrara a los enemigos muertos, fue a Atenas como suplicante y convenció a Teseo para que marchara sobre Tebas y castigara la impiedad de Creonte. Teseo tomó la ciudad en un ataque sorpresa, encarceló a Creonte y entregó los cadáveres de los paladines muertos a sus parientes, quienes hicieron una gran pira para quemarlos. Pero Evadne, la esposa de Capaneo, puesto que su marido había sido convertido en héroe por el rayo de Zeus, no quiso separarse de él. Como la costumbre exigía que el hombre herido por un rayo fuese enterrado aparte de los demás, y se cercase su tumba, se arrojó a la pira ge

m. Ahora bien, antes de la llegada de Teseo a Tebas, Antígona, hermana de Eteocles y Polinices, había desobedecido las órdenes de Creonte encendiendo secretamente una pira y colocando sobre
ella el cadáver de Polinices. Pero al mirar por la ventana de su palacio, Creonte advirtió un resplandor distante que parecía provenir de una pira ardiente, fue a investigar y sorprendió a Antígona en su acto de desobediencia. Llamó a su hijo Hemón, con quien Antígona estaba comprometida en casamiento, y le ordenó que la enterrara viva en la tumba de Polinices. Hemón fingió que se apresuraba a hacer lo que se le ordenaba, pero en lugar de eso se casó con Antígona en secreto y la envió a vivir entre sus pastores. Ella le dio un hijo, que muchos años después, fue a Tebas e intervino en ciertos juegos fúnebres, pero Creonte, que seguía siendo rey de Tebas, sospechó su identidad por la marca de una serpiente que tenía en el cuerpo y que llevaban todos los descendientes de Cadmo, y le condenó a muerte. Heracles intercedió en favor de su vida, pero Creonte se mostró inflexible, por lo que Hemón mató a Antígona y se dio muerte a sí mismo18.

1. El oráculo del león y el jabalí de Apolo sin duda expresaba originalmente el buen criterio de constituir reinos dobles para evitar la lucha política entre el rey sagrado y su heredero, como la que provocó la caída de Tebas (véase 69.1). Pero el emblema de Tebas era un león, debido a su diosa anterior, la Esfinge con cuerpo de león; y el emblema de Calidón era un jabalí, probablemente porque a Ares, que tenía un templo allí, le gustaba adoptar ese disfraz (véase 18.j). Por tanto, el oráculo se ha aplicado a una situación diferente. Escudos con dibujos de animales se utilizaban regularmente al comienzo de la época clásica (véase 98.3 y 160.n).

2. Los mitógrafos se valen con frecuencia de la sílaba eri de un nombre alegando que significa era, «lucha», más bien que «abundante». De aquí el mito de Erictonio (véase 25.1) y Erígone (véase 79.3). Erifile significaba originalmente «muchas hojas» más bien que «lucha tribal». Hesíodo (Los trabajos y los días 161 y ss.) dice que Zeus exterminó a dos generaciones de héroes, la primera en Tebas en la guerra por los rebaños de Edipo, y la segunda en Troya, en la guerra causada por la rubia Helena. No se explica lo de los «rebaños de Edipo», pero Hesíodo se refería, sin duda, a esta guerra entre Eteocles y Polinices, en la que los argivos apoyaron a un candidato sin suerte para el trono de Tebas.

La causa de una disputa análoga entre hermanos fue el vellocino de oro, por el que contendieron Atreo y Tiestes (véase 111.c-d); su posesión puso a su dueño en el trono de Micenas. También Zeus tenía carneros con vellón de oro en el monte Lafistio, los cuales parecen haber sido la insignia regia de la vecina Orcómeno y causaron mucho derramamiento de sangre (véase 70.6).

3. Hipsípile («puerta alta») era probablemente un título de la diosa Luna, cuyo curso describe un alto arco en el firmamento; y los Juegos Nemeos, como los Olímpicos, debían celebrarse al final del período del rey sagrado, cuando había reinado durante sus cincuenta meses lunares como marido de la suma sacerdotisa. El mito conserva la tradición de que anualmente se sacrificaban niños a la diosa como sustitutos del rey; aunque a la palabra Opheltes, que significa simplemente «benefactor», se le ha dado aquí un sentido forzado:
«enrollado por una serpiente», como si se derivara de ophis, «serpiente», y eilein, «juntar apretando». Tampoco Archemorus significa «el comienzo de la condena», sino más bien «tronco de olivo original», y está referido a plantones del olivo sagrado de Atenea (véase 16.c), probablemente los que se utilizaban en los juegos como coronas para los vencedores en las diversas pruebas. Después de los desastres de la guerra persa, el empleo del olivo se interrumpió en los Juegos Nemeos en favor del perejil, una señal de luto (Escoliasta sobre Argumento de los Juegos Nemeos de Píndaro). El perejil era infausto, quizás a causa de su notoriedad como abortivo. El proverbio inglés dice: «parsley grows rank in cuckolds’ gardens» (el perejil crece exuberante en los jardines de los maridos cornudos). Crecía exuberante en la isla de la muerte de Ogigia (véase 170.w).

4. Él engullimiento por Tideo de los sesos de Melanipo es relatado como una anécdota moral.
Este antiguo medio de mejorar la capacidad para la lucha, introducido por los helenos y que todavía practicaban los escitas en la época clásica (Herodoto: iv.64), había llegado a ser considerado bárbaro. Pero el icono del que los mitógrafos dedujeron su fábula mostraba probablemente a Atenea haciendo una libación al espíritu de Melanipo, para mostrar que aprobaba la acción de Tideo. La epopeya perdida de Los Siete contra Tebas debía parecerse mucho al Mahabbarata indio, que glorifica a la casta militar de los Maryannu; el mismo tema de la lucha entre parientes se da en esta epopeya, la conducta de los combatientes es más noble y más trágica que en la Ilíada, los dioses no desempeñan un papel malévolo, se honra la costumbre de inmolar a la viuda en la hoguera funeraria del marido, y Bhishma, como Tideo, bebe la sangre de su enemigo (véase 81.8).

5. Él fin de Ánfiarao es otro ejemplo más de la muerte del rey sagrado a consecuencia de estrellarse su carro (véase 71.a; 101.g; 105.d; 109.j, etc.). El descenso de Batón («zarzamora») al Tártaro en su compañía parece relatado para explicar la difundida prohibición europea de comer moras, asociadas con la muerte.

6. La autoinmolación de Evadne recuerda el mito de Alcestes (véase 69.d). Las reliquias de una cremación regia encontradas en una tumba-colmena de Dendra, cerca de Micenas, indican que, en este caso particular, el rey y la reina fueron enterrados al mismo tiempo; y A. W. Persson cree que la reina murió voluntariamente. Pero los dos pueden haber sido asesinados, o haber muerto de la misma enfermedad, y no hay noticia de un entierro micénico análogo en ninguna otra parte. La inmolación de la viuda en la hoguera del marido, que parece haber sido una práctica helénica, pasó pronto de moda (véase 74.8). Él rayo era una prueba de la presencia de Zeus, y como «sagrado» e «impuro» significan casi lo mismo en la religión primitiva —los animales proscriptos en el Levitico eran impuros porque eran sagrados— la tumba de un hombre muerto por un rayo era aislada por una cerca, como la de un ternero que muere de ántrax en una granja moderna, y se le concedían ritos heroicos. El cementerio de las cercanías de Eleusis en el que, según Pausanias, fueron enterrados finalmente los paladines, ya ha sido identificado y abierto por el profesor Mylonas. Encontró una tumba doble rodeada por un cerco de piedra y cinco tumbas individuales; los esqueletos, como se acostumbraba en el siglo XIII a. de C., a los que se puede atribuir los fragmentos de jarrones, no mostraban señales de cremación. Ladrones de tumbas primitivos se habían llevado, evidentemente, las armas de bronce y otros objetos metálicos, originalmente enterrados con los cuerpos; y puede haber sido su hallazgo de dos esqueletos dentro del círculo de piedra lo que sugirió a los habitantes de Eleusis que aquélla era la tumba de Capaneo, herido por el rayo, y de su fiel esposa  Evadne.

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