Baco y Ariadna
Baco, dios del vino y de la diversión, halló por azar a Ariadna llorando afligida por el abandono y la infidelidad de su amado Teseo en la isla de Naxos. Tras haberlo salvado con su ovillo de hilo en su aventura en el laberinto del Minotauro (Ariadna simboliza el alma, la inspiración, la salvación que llega en el momento de mayor adversidad), su amado le prometió matrimonio, pero al llegar a la Ãnsula esperó a que se durmiera y ahà la dejó para siempre.
La hermosa princesa cretense buscaba a Teseo con ansiosos y ávidos ojos, escrutando las rocas, recorriendo las blancas arenas. La diosa del amor, Afrodita, se compadeció de ella, y prometió en el Olimpo, ante el resto de dioses, que la princesa terminarÃa esposada con un Dios.
Baco, acudió a su encuentro; quiso protegerla al verla en ese estado, hacerla feliz, y amarla. La cortejó con tales propósitos, le regaló una corona de 7 estrellas y la hizo su esposa. Pero Ariadna se consumÃa lentamente en una silenciosa melancolÃa, indiferente a todo empezó a debilitarse al poco tiempo del enlace, enfermó y finalmente murió. Baco se convirtió en la sombra de sà mismo. Dejó de ser el dios de la alegrÃa y la fiesta: todo en él se desgarraba por la ausencia de Ariadna. Roto en mil pedazos, lanzó su corona estrellada al aire, y en el Cielo se formó la constelación de “La Corona de Ariadna”(o “La Corona” a secas).
Zeus no soportaba el dolor de su hijo, y rescató a su amada de entre los muertos, y tras devolverle el aliento de la vida, le concedió asimismo el don de la inmortalidad. Ariadna se entregó a los brazos de su enamorado Baco y juntos traspasaron las fronteras del amor y de la más incandescente pasión, enlazados ya por siempre.

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