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Dioses Griegos, historia minotauro, leyendas griegas y mitos romanos

El cuarto trabajo: El Jabalí

a. El cuarto trabajo impuesto a Heracles consistió en capturar vivo al Jabalí de Erimanto, animal
feroz y enorme que frecuentaba las laderas cubiertas de cipreses del monte Erimanto y los
matorrales del monte Lampea en Arcadia; y hacía estragos en la región que rodeaba a Psófide. El
monte Erimanto se llama así por un hijo de Apolo al que había cegado Afrodita porque la había
visto bañarse desnuda; Apolo se vengó transformándose en un jabalí y mató a Adonis, el amante de
Afrodita. Sin embargo, la montaña está consagrada a Artemis.

b. Heracles, al pasar por Fóloe en su viaje al Erimanto —donde mató a Sauro, un bandido
cruel— fue agasajado por el centauro Folo, hijo de Sileno con una de las ninfas del fresno. Folo
sirvió a Heracles carne asada, pero él prefería la cruda y no se atrevió a abrir el cántaro de vino
comunal de los centauros hasta que Heracles le recordó que era el mismo cántaro que, cuatro
generaciones antes, Dioniso había dejado en la cueva precisamente para aquella ocasión. Los
centauros se enojaron cuando olieron el vino fuerte.

Armados con grandes rocas, abetos
desarraigados, teas y hachas de carnicero, irrumpieron en la cueva de Folo. Cuando Folo se ocultó
aterrado, Heracles rechazó audazmente a Aquio y Agrio, sus dos primeros atacantes, con una
descarga de teas. Néfele, la abuela nublosa de los centauros, hizo que cayera un fuerte chaparrón
que aflojó la cuerda del arco de Heracles y dejó el piso resbaladizo. A pesar de ello Heracles se
mostró digno de sus hazañas anteriores y mató a varios centauros, entre ellos a Orio e Hileo. Los
otros huyeron a Malea, donde se acogieron a la protección de su rey Quirón, quien había sido
arrojado del monte Pelión por los lapitas.

c. Una flecha arrojada por el arco de Heracles atravesó el brazo de Élato y se clavó temblando en la
rodilla de Quirón. Apenado por el accidente sufrido por su viejo amigo, Heracles le extrajo la
flecha y aunque Quirón mismo proporcionó vulnerarios para curar la herida, resultaron inútiles y se
retiró gritando a la cueva; pero no podía morir, porque era inmortal. Prometeo se ofreció más tarde
a aceptar la inmortalidad en su lugar y Zeus aprobó ese arreglo; pero algunos dicen que Quirón
prefirió la muerte no tanto por el dolor que sufría como porque ya estaba cansado de su larga
vida.

d. Los centauros huyeron en varias direcciones: unos con Euritión a Fóloe; otros con Neso al río
Eveno; algunos al monte Malea, y otros más a Sicilia, donde los destruyeron las Sirenas. Posidón
recibió a los restantes en Eleusis y los ocultó en una montaña. Entre los que Heracles mató
posteriormente estaba el arcadio Hómado, que había tratado de violar a Alcíone, la hermana de
Éuristeo; vengando así noblemente una ofensa inferida a un enemigo, Heracles conquistó gran
fama.

e. Entretanto, Folo, mientras enterraba a sus parientes muertos, extrajo una de las flechas de
Heracles y la examinó. «¿Cómo una criatura tan robusta pudo sucumbir por un mero rasguño?», se
preguntaba. Pero la flecha se le deslizó de los dedos, le atravesó el pie y lo mató. Inmediatamente
Heracles interrumpió la persecución y volvió a Fóloe, donde enterró a Folo con honores
extraordinarios al pie de la montaña que había recibido su nombre. Fue en esa ocasión cuando el río
Anigro adquirió el mal olor que ahora tiene desde su fuente misma en el monte Lapito, porque un
centauro llamado Pilenor, a quien Heracles había herido con una flecha, huyó a lavarse su herida en
él. Sin embargo, algunos sostienen que Melampo249 había causado el hedor algunos años antes
arrojando en el Anigro los objetos pestilentes utilizados para purificar a las hijas de Preto.

f. Heracles partió luego para cazar al jabalí por las orillas del río Erimanto. Apresar con vida a un
animal tan salvaje era una tarea de una dificultad extraordinaria; pero él lo desalojó de un matorral
con fuertes gritos, le hizo ir a un profundo ventisquero y allí saltó sobre su lomo. Lo ató con
cadenas y lo llevó vivo a hombros hasta Micenas; pero cuando supo que los argonautas se reunían
para su viaje a Cólquide dejó el jabalí fuera de la plaza del mercado y, en vez de esperar nuevas
órdenes de Euristeo, que estaba oculto en su tinaja de bronce, salió con Hilas para unirse a la
expedición. No se sabe quién mató al jabalí capturado, pero sus colmillos se conservan en el templo
de Apolo en Cumas.

g. Según algunas versiones, Quirón fue herido accidentalmente por una flecha que le atravesó el pie
izquierdo mientras él, Folo y el joven Aquiles agasajaban a Heracles en el monte Pelión. Nueve
días después Zeus colocó la imagen de Quirón entre las estrellas como el Centauro. Pero otros
sostienen que el Centauro es Folo, quien fue honrado por Zeus así porque superaba a todos los
hombres en el arte de profetizar valiéndose de las visceras. El Arquero del Zodíaco es también un
centauro: Croto, quien vivía en el monte Helicón y era muy querido por sus hermanas adoptivas, las
Musas.

1. Los jabalíes estaban consagrados a la Luna a causa de sus colmillos en forma de media luna
y parece que el heredero que mataba y castraba a su mellizo el rey sagrado se disfrazaba de
jabalí cuando lo hacía. El ventisquero en que fue vencido el Jabalí de
Erimanto indica que este trabajo se realizó en el solsticio hiemal. Aquí Heracles es el niño
Horus y venga la muerte de su padre, Osiris, en su tío Set, quien se presenta disfrazado de
jabalí; la prohibición egipcia de comer carne de jabalí se levantaba sólo en el Solsticio

El tercer trabajo: La cierva de Cerinia

a. El tercer trabajo de Heracles consistió en apoderarse de la Cierva de Cerinia y llevarla viva de
Énoe a Micenas. Este animal veloz y moteado tenía patas de bronce y cuernos de oro como los de
un ciervo, por lo que algunos dicen que era un ciervo. Estaba consagrada a Artemis, quien,
cuando era niña, vio cinco ciervas, más grandes que toros, paciendo en las orillas del río tesalio de
guijarros negros llamado el Anauro, al pie de los Mintes Parrasios; el sol centelleaba en sus
cuernos. Corriendo en su persecución, se apoderó de cuatro de ellas, una tras otra, con sus propias
manos, y las unció a su carro; la quinta huyó a través del río Celadón a la Colina Cerinia, tal como
había previsto Hera, quien ya pensaba en los trabajos de Heracles. Según otra versión, esta cierva
era un monstruo indómito que solía hacer estragos en los campos y al que Heracles, tras una dura
lucha, sacrificó a Artemis en la cumbre del monte Artemisio.

b. Poco dispuesto a matar o herir a la cierva, Heracles realizó este trabajo sin ejercer la menor
fuerza. La persiguió incansablemente durante todo un año, y esa cacería lo llevó hasta Istria y el
País de los Hiperbóreos. Cuando, agotada por fin, la cierva se refugió en el monte Artemisio, y
desde allí descendió al río Ladón, Heracles disparó una flecha con la que le sujetó las patas
delanteras haciéndola pasar entre el hueso y el tendón sin derramar sangre. Luego la recogió, se la
puso sobre los hombros y se apresuró a volver por la Arcadia a Micenas. Sin embargo, algunos
dicen que empleó redes; o que siguió la pista de la cierva hasta que la encontró dormida bajo un
árbol. Ártemis salió al encuentro de Heracles y le reprendió por haber maltratado a su animal
sagrado, pero él alegó que le había sido necesario hacerlo y echó la culpa a Euristeo. Así aplacó la
ira de la diosa, quien le dejó que llevara la cierva viva a Micenas.

c. Otra versión de la fábula es que esta cierva era la que la pléyade Táigete, hermana de Alcíone,
había dedicado a Ártemis en agradecimiento por haberla transformado temporalmente en cierva y
haber podido eludir así los abrazos de Zeus. Sin embargo, a Zeus no se le podía engañar durante
mucho tiempo y tuvo con ella a Lacedemón; inmediatamente ella se ahorcó en la cumbre del monte
Amicleo, que en adelante se llamó monte Taigeto. La sobrina y homónima de Táigete se casó con
Lacedemón y tuvo con él a Hímero, a quien Afrodita hizo que violara sin saberlo a su hermana
Cleódice, una noche de jarana promiscua.

Al día siguiente, cuando supo lo que había hecho,
Hímero se arrojó al río, al que a veces se denomina con su nombre, y no se le volvió a ver; pero con
más frecuencia se llama al río Eurotas, porque el predecesor de Lacedemón, el rey Eurotas,
habiendo sufrido una derrota ignominiosa por los atenienses —por no haber querido esperar a la
luna llena para librar la batalla— se ahogó en sus aguas. Eurotas, hijo de Miles, el inventor de los
molinos de agua, era padre de Amidas y abuelo de Jacinto y Eurídice, quien se casó con Acrisio238.
1. Este tercer trabajo es de una clase diferente de la mayoría de los otros.

Históricamente
puede referirse a la toma por los aqueos de un templo en que se adoraba a Ártemis como
Elafio («parecida a la cierva»); las cuatro ciervas de su carro representan a los años de la
Olimpiada y a la terminación de cada una se perseguía hasta matarla a una víctima vestida
con piel de venado. En todo caso se dice que Elafio fue la nodriza de Ártemis,
lo que significa que era Ártemis misma. Míticamente, sin embargo, el
trabajo parece concernir a Heracles el Dáctilo, identificado por los galos con
Ogmius, quien inventó el alfabeto Ogham y todo el saber de los
bardos. La caza de la cierva, o corza, simbolizaba la persecución de la
Sabiduría, y se la encuentra, según la tradición mística irlandesa, refugiada bajo un
manzano silvestre.

Esto explicaría por qué nadie dice, con
excepción del mal informado Eurípides, que Heracles hiciera daño alguno a la corza, sino
que la persiguió infatigablemente y sin interrupción, durante un año entero, hasta el País de
los Hiperbóreos, expertos en esos mismos misterios. Según Pollux, a Heracles le llamaban
Melón («de manzanas») porque le ofrecían manzanas probablemente en agradecimiento
por su sabiduría; pero esa sabiduría la adquirió solamente con la muerte, y su persecución
de la cierva, como su visita al Jardín de las Hespérides, fue en realidad un viaje al Paraíso
celta. Zeus había perseguido también a Táigete, que era hija de Atlante, en consecuencia un
personaje no helénico.

2. En Europa solamente el reno tiene cuernos, y noticias acerca de ellos pueden haber llegado
desde el Báltico por la Ruta del Ámbar; el reno, a diferencia de los otros venados, puede
naturalmente ser uncido a un carro.

3. El ahogamiento del hijo de Táigete, Hímero, y de su suegro Eurotas, sugiere que a los reyes
primitivos de Esparta se los sacrificaba habitualmente al monstruo acuático Eurotas,
arrojándolos, envueltos en ramas, a un estanque profundo. Así se hizo, al parecer, con
Tántalo, otro hijo de Táigete. Lacedemón significa
«demonio del lago» y Laconia es el dominio de Lacona («dama del lago»),
cuya imagen fue rescatada de los invasores dorios por un tal Préugenes y llevada a Pairas
en Acaya. Las metamorfosis de Táigete parecen basarse en que los
conquistadores aqueos de Esparta se llamaban a sí mismos Zeus y a sus esposas Hera.
Cuando Hera llegó a ser adorada como vaca, el culto lélege de Artemis Corza fue
suprimido. Quizá se celebrara un casamiento ritual entre Zeus como toro y Hera como
vaca, lo mismo que en Creta.

4. Noches de jarana promiscua se realizaban en varios Estados griegos y durante
las fiestas Albanas en Roma; era una concesión a las costumbres sexuales arcaicas que
precedieron a la monogamia.

El Segundo Trabajo: La Hidra de Lerna

a. El segundo trabajo impuesto por Euristeo fue la muerte de la Hidra de Lerna, un monstruo nacido
de Tifón y Equidna y criado por Hera como una amenaza para Heracles.

b. Lerna se halla junto al mar, a unos ocho kilómetros de la ciudad de Argos. Al oeste se alza el
monte Pontino, con su bosque sagrado de plátanos que se extiende hasta el mar. En este bosque,
limitado en un lado por el río Pontino —junto al cual Dánao dedicó un altar a Atenea— y el otro
por el río Amimone se hallan las imágenes de Deméter, Dioniso el Salvador y Prosimna, una de las
nodrizas de Hera; y en la costa una imagen de piedra de Afrodita, dedicada por las Danaides. Todos
los años se realizan en Lerna ritos nocturnos secretos en honor de Dioniso, quien descendió al
Tártaro en este lugar cuando fue en busca de Sémele; y no lejos de allí se celebran los misterios de
la Deméter lernea en un recinto que señala el lugar donde Hades y Perséfone descendieron también
al Tártaro.

c. Este distrito fértil y sagrado estuvo en un tiempo aterrorizado por la Hidra, que tenía su guarida
bajo un plátano en la fuente séptuple del río Amimona y frecuentaba el insondable pantano lerneo
de las cercanías —recientemente el emperador Nerón trató de sondearlo y fracasó—, tumba de
muchos viajeros incautos. La Hidra tenía un cuerpo prodigioso parecido al del perro, y ocho o
nueve cabezas serpentinas, una de ellas inmortal; pero algunos le atribuyen cincuenta, o un
centenar, o inclusive diez mil cabezas. De todos modos era tan venenosa que su solo aliento, o el
olor de su rastro, podía destruir la vida.

d. Atenea había reflexionado acerca de cómo Heracles podía matar mejor al monstruo y, cuando él
llegó a Lerna, conducido en su carro por Yolao, le indicó dónde estaba la guarida de la Hidra. Por
consejo de la diosa, obligó a la Hidra a salir arrojándole flechas ardientes y luego contuvo el aliento
mientras la atrapaba. Pero el monstruo se le enroscó en los pies, en un esfuerzo para hacerlo caer.
En vano le golpeaba Heracles las cabezas con su clava, pues tan pronto como aplastaba una surgían
dos o tres en su lugar.

e. Un enorme cangrejo salió del pantano para ayudar a la Hidra y mordió a Heracles en el pie;
Heracles le aplastó furiosamente la concha y gritó pidiendo la ayuda de Yolao. Yolao incendió una
parte del bosque y luego, para impedir que brotaran nuevas cabezas a la Hidra, chamuscó sus raíces
con ramas ardientes y así contuvo el flujo de la sangre.

f. Utilizando una espada, o una cimitarra de oro, Heracles cortó la cabeza inmortal, parte de la cual
era de oro, y la enterró, todavía silbante, bajo una pesada roca junto al camino que conducía a Elco.
Le sacó las entrañas al cadáver y empapó sus flechas en la bilis. En adelante la menor herida
causada por una de ellas era invariablemente mortal.

g. En recompensa por los servicios del cangrejo, Hera puso su imagen entre los doce signos del
Zodíaco; pero Euristeo no quiso contar este trabajo como realizado debidamente, porque Yolao
había proporcionado las teas.

1. La Hidra de Lerna tenía perplejos a los mitógrafos clásicos. Pausanias sostenía que podía
haber sido muy bien una serpiente de agua gigantesca y venenosa; pero que «Pisandro fue el
primero que dijo que tenía muchas cabezas, pues quería que pareciera más aterradora y, al
mismo tiempo, aumentar la dignidad de sus propios versos». Según el
evemerístico Servio, la Hidra era un manantial de ríos
subterráneos que solían irrumpir al exterior e inundar el territorio; si uno de sus numerosos
cauces quedaba cerrado, el agua surgía por otra parte, por lo que Heracles primeramente
utilizó el fuego para secar la tierra y luego cerró los cauces.

2. En la versión anterior de este mito Heracles, como aspirante a la dignidad de rey, es
probable que luchara sucesivamente con un toro, un león y un jabalí o escorpión, y luego se
sumergiera en un lago para conseguir el oro del monstruo acuático que vivía en su fondo.

Jasón tuvo que realizar trabajos muy parecidos y el papel de ayudante desempeñado por
Medea se atribuye en este mito a Atenea, como futura novia de Heracles. Aunque la Hidra
recuerda a la serpiente marina que Perseo mató con una cimitarra de oro, o sea, la hoz de la
luna nueva, era un monstruo de agua dulce, como la mayoría de los mencionados por los
mitógrafos irlandeses y galeses —piastres o avancs — y como el que se
describe en el epíteto homérico para Lacedemón, a saber, cetoessa «del monstruo acuático»,
que sin duda frecuentaba algún charco profundo del Eurotas.

El cuerpo
parecido al del perro es una reminiscencia del monstruo marino Escila y de un
monstruo de siete cabezas (en un sello cilindrico babilonio posterior) que mata el héroe
Gilgamesh. Los astrólogos han introducido al cangrejo en la fábula para hacer que los Doce
Trabajos de Heracles correspondan con los Signos del Zodíaco, pero propiamente debía
haber figurado en su lucha con el león de Nemea, el siguiente signo.
3. Este mito ritual se ha unido al de las Danaidas, que eran las antiguas sacerdotisas acuáticas
de Lerna. El número de cabezas atribuido a la Hidra varía inteligiblemente: como un
colegio de sacerdotisas, tenía cincuenta cabezas; como el pulpo sagrado, disfraz adoptado
por Tetis —quien también tenía un colegio de cincuenta sacerdotisas —, tenía
ocho brazos serpentinos que terminaban en cabezas, y otra cabeza en el tronco, que en
conjunto hacían nueve en honor de la diosa Luna; cien cabezas sugieren las centurias o
grupos de guerra, que irrumpieron en Argos desde Lerna; y diez mil es un embellecimiento
típico de Eurípides, quien tenía poca conciencia como mitógrafo. En las monedas griegas la
Hidra tiene habitualmente siete cabezas: sin duda una referencia a los siete desagües del río
Amimone.

4. La destrucción de la Hidra por Heracles parece referirse a un acontecimiento histórico: la
tentativa de suprimir los ritos de la fertilidad en Lerna. Pero nuevas sacerdotisas aparecían
siempre en el bosque de plátanos —el plátano indica la influencia religiosa cretense, lo
mismo que el pulpo- hasta que los aqueos, o quizás los dorios, lo incendiaron. Es evidente
que originalmente Deméter formaba una tríada con Hécate como Anciana, llamada aquí
Prosimna, «dirigida con himnos», y Perséfone la Doncella; pero la Sémele de Dioniso
desalojó a Perséfone. Existía en la costa un culto aparte a Afrodita-Tetis.

El primer trabajo: El León de Nemea

a. El primer trabajo que impuso Euristeo a Heracles cuando fue a residir en Tirinto fue el de matar y desollar al león de Nemea o de Cleonas, una fiera enorme con una piel a prueba del hierro, el bronce y la piedra.

b. Aunque algunos dicen que este león descendía de Tifón, o de la Quimera y el perro Ortro, otros dicen que Selene lo parió con un estremecimiento espantoso y lo dejó caer en la tierra sobre el monte Treto, cerca de Nemea, junto a una cueva de dos bocas; y que, como castigo por un sacrificio no realizado, hizo que devorara a su propia gente, y los que más sufrieron fueron los bambineanos.

c. Otros dicen que, por deseo de Hera, Selene creó al león con espuma de mar encerrada en un gran cofre, y que Iris lo ató con su ceñidor y lo llevó a las montañas nemeas. Éstas se llamaban así por el nombre de una hija de Asopo, o de Zeus y Selene; y todavía se muestra la cueva del león a unos tres kilómetros de la ciudad de Nemea.

d. Al llegar a Cleonas, entre Corinto y Argos, Heracles se alojó en la casa de un peón o pastor llamado Molorco, a cuyo hijo había matado el león. Cuando Molorco se disponía a ofrecer un carnero para propiciar a Hera, Heracles se lo impidió. «Espera treinta días —le dijo—. Si vuelvo a salvo, sacrifícalo a Zeus Salvador; si no vuelvo, ¡sacrifícamelo a mí como héroe!»

e. Heracles llegó a Nemea al mediodía, pero como el león había despoblado a la vecindad, no encontró a nadie que lo orientase, ni se veían rastros de la fiera. Primeramente registró el monte Apesas, llamado así por Apesanto, un pastor al que había matado el león; aunque algunos dicen que Apesanto era un hijo de Acrisio, quien murió por haberle mordido una serpiente en el talón. Luego Heracles fue al monte Treto y al poco tiempo divisó al león que volvía a su guarida, salpicado con la sangre de la matanza del día. Le lanzó una andanada de flechas, pero rebotaron en la espesa piel sin hacerle daño y el león se lamió las quijadas y bostezó. Luego Heracles utilizó la espada, que se dobló como si hubiera sido de plomo; finalmente levantó la clava y descargó con ella tal golpe contra el león en el hocico que el animal se introdujo en su cueva de doble boca sacudiendo la cabeza, no a causa del dolor, sin embargo, sino porque le zumbaban los oídos. Heracles, lanzando una triste mirada a su clava rota, cubrió con una red una de las entradas de la cueva y se introdujo en ella por la otra. Habiéndose dado cuenta de que el monstruo era inmune a todas las armas, se puso a luchar con él a brazo partido. El león le arrancó un dedo de un mordisco, pero, tomando su cabeza debajo del brazo, Heracles lo apretó hasta estrangularlo.

f. Llevando el cuerpo de la fiera en los hombros, Heracles volvió a Cleonas, adonde llegó al cabo de treinta días, y encontró a Molorco a punto de ofrecerle un sacrificio de héroe; en su lugar, ofrecieron juntos un sacrificio a Zeus Salvador. Una vez hecho eso, Heracles se cortó una nueva clava y, después de introducir varias modificaciones en los Juegos Nemeos que hasta entonces se celebraban en honor de Ofeltes, y de dedicarlos en cambio a Zeus, llevó el cuerpo del león a Micenas. Euristeo, pasmado y aterrado le prohibió volver a entrar en la ciudad; en el futuro debía exhibir los frutos de sus trabajos fuera de las puertas.

g. Durante un tiempo Heracles se quedó perplejo, sin saber cómo desollar al león, hasta que por inspiración divina se le ocurrió emplear las propias garras del animal, afiladas como navajas, y no tardó en poder llevar la piel invulnerable como armadura y la cabeza como yelmo. Entre tanto, Euristeo ordenó a sus herreros que le forjaran una urna de bronce, que ocultó bajo la tierra. En adelante, cada vez que le anunciaban la llegada de Heracles se refugiaba en esa urna y enviaba sus órdenes por medio de un heraldo, un hijo de Pélope llamado Copreo a quien había purificado de un asesinato.

h. Los honores que recibió Heracles de la ciudad de Nemea en agradecimiento por su hazaña los cedió posteriormente a sus fieles aliados de Cleonas, que lucharon a su lado en la guerra de Elea, donde murieron trescientos sesenta. En cuanto a Molorco, fundó la ciudad vecina de Molorquia, y plantó el Bosque Ñemeo, donde se realizan los Juegos Nemeosi. Heracles no fue el único hombre que estranguló a un león en aquella época. Realizó la misma hazaña su amigo Filio como la primera de las tres tareas amorosas que le impuso Cicno, un hijo de Apolo e Hiria.

Filio también tuvo que apresar vivas a varias aves monstruosas devoradoras de hombres, parecidas a los buitres, y después de luchar a brazo partido con un toro feroz, llevarlo al altar de Zeus. Una vez realizados los tres trabajos. Cicno exigió además un buey que Filio había ganado como premio en ciertos juegos fúnebres. Heracles aconsejó a Filio que se negase a hacer eso y le instó a que llegase a un acuerdo con Cicno, quien, desesperado, se arrojó a un lago, que desde entonces se llamó el lago cicneano. Su madre Hiria se mató del mismo modo y ambos fueron transformados en cisnes.

1. El combate ritual del rey sagrado con fieras forma una parte corriente del ritual de la coronación en Grecia, Asia Menor, Babilonia y Siria, en el que cada animal representaba una estación del año. Su número variaba según el calendario. En un año de tres estaciones consistían, como la Quimera, en el león, la cabra y la serpiente, y de aquí la afirmación de que el león de Citerón era hijo de la Quimera y de Ortro, o sea Sirio; o de toro, león y serpiente, que eran los cambios estacionales de Dioniso, según las Bacantes de Eurípides; o el león, el caballo y el perro, como las cabezas de Hécate.

Pero en un año de cuatro estaciones habrán sido el toro, el carnero, el león y la serpiente, como las cabezas de Panes descritas en el Fragmento Órfico 63; o el toro, el león, el águila y el serafín, como en la visión de Ezequiel (Ezequiel i); o, más sencillamente, el toro, el león, el escorpión y la hidra, los cuatro signos del Zodíaco, que caían en los equinoccios y solsticios.

Estos cuatro últimos parecen ser, a juzgar por los trabajos primero, cuarto, séptimo y undécimo, los animales con los que luchó Heracles; aunque el jabalí ha reemplazado al escorpión, pues éste sólo se conserva en la fábula de Orion, otro Heracles, a quien se le ofreció una princesa en matrimonio si mataba a ciertas fieras. La misma situación se repite en la fábula de Cicno y Filio —con su rara sustitución de la serpiente por buitres—, aunque Ovidio y Antoninus Liberalis le han impuesto un rasgo homosexual. Teóricamente, al domar a esos animales el rey obtenía el dominio de las estaciones del año regidas por ellos. En Tebas, la ciudad natal de Heracles, la diosa Esfinge gobernaba un año de dos estaciones; era una leona con alas y cola de serpiente; de aquí que él llevara piel y máscara de león, más bien que una máscara de toro como Minos. El león aparecía con los otros animales del calendario en el arco de la luna nueva, una ilustración que, según parece, dio origen a la fábula de Noé y el Diluvio y a la de Dioniso y los piratas; de aquí que se dijera que lo creó Selene («la Luna»).

2. Focio niega que Heracles perdiera un dedo en la lucha con el león; Tolomeo Hefestiono dice que le envenenó una pastinaca. Pero es más probable que él mismo se lo arrancase de un mordisco para aplacar a las ánimas de sus hijos, como hizo Orestes cuando le perseguían las Erinias de su madre. Otra cueva de dos bocas se menciona incidentalmente en la Odisea y ss., como una cerca de la cual Odiseo durmió por primera vez a su regreso a Itaca frente a la bahía de Forcis. Su entrada septentrional era para los hombres y la meridional para los dioses; y contenía jarrones de dos asas utilizados como colmenas, jofainas de piedra y abundante agua de manantial.

Había también telares de piedra (¿estalactitas?) en los que las náyades tejían telas de púrpura. Si Porfirio (Sobre la Cueva de las Ninfas) estaba en lo cierto al decir que en esta cueva se practicaban los ritos de la muerte y el renacimiento divino, las jofainas servían para la sangre y el agua para la lustración. Las tinajas serían en ese caso urnas para la inhumación sobre las que las almas revoloteaban como abejas y las Náyades (hijas del dios de la Muerte Forcis u Orco) serían las Parcas que tejían vestimentas con las marcas del clan regio para que se las pusiera el renacido. La cueva del león de Nemea tiene dos bocas porque este primer trabajo inició el viaje de Heracles hacia su muerte ritual, después de la cual se hace inmortal y se casa con la diosa Hebe.

3. La muerte de trescientos sesenta cleonianos indica un misterio del calendario, pues éste es el número de días del año sagrado egipcio, excluyendo a los cinco separados en honor de Osiris, Isis, Nephthys, Set y Horus. Las modificaciones que hizo Heracles en los Juegos Nemeos pueden haber implicado un cambio en el calendario local.

4. Si el rey de Micenas, como el enemigo de Orion, Enopio de Hiria, se refugió en una urna de bronce bajo tierra y salió de ella sólo después de haber pasado el peligro, sin duda simulaba anualmente una muerte mientras su sustituto reinaba durante un día, y luego reaparecía. Los hijos de Heracles figuraban entre esos sustitutos.

5. Apesanto era uno de varios héroes primitivos a los que había mordido una víbora en el talón. Se le puede identificar con Ofeltes de Nemea, aunque no se dice qué parte del cuerpo de Ofeltes mordió la serpiente.

Fragmento del libro “Los mitos griegos II” por Robert Graves

La locura de Heracles

a. La derrota de los minias por Heracles lo convirtió en el más famoso de los héroes; y su recompensa fue casarse con la hija mayor del rey Creonte, Megara o Megera, y que se le designase protector de la ciudad; en tanto que Ificles se casó con la hija menor. Algunos dicen que Heracles tuvo dos hijos con Megara, otros que tuvo tres, cuatro y hasta ocho. Se los llama los Alcides.

b. Heracles venció luego a Pirecmes, rey de los eubeos, aliado de los minias, cuando marchó sobre Tebas; y difundió el terror en toda Grecia ordenando que su cuerpo fuera dividido por unos potros y abandonado sin enterrarlo junto al río Heracleo, en un lugar llamado los Potros de Pirecmes, que produce un eco como de relincho cuando beben allí los caballos.

c. Hera, ofendida por los excesos de Heracles, lo enloqueció. En primer lugar atacó a su querido sobrino Yolao, el hijo mayor de Ificles, quien consiguió escapar a sus violentas arremetidas; y luego, tomando por enemigos a seis de sus propios hijos, los mató y arrojó sus cuerpos al fuego, juntamente con otros dos hijos de Ificles con quienes realizaban ejercicios militares. Los tebanos celebran un festival anual en honor de las ocho víctimas.

El primer día ofrecen sacrificios y arden fogatas durante toda la noche; el segundo día se realizan juegos fúnebres y al vencedor se le corona con mirto blanco. Los celebrantes se lamentan recordando el brillante futuro que estaba reservado a los hijos de Heracles. Uno iba a gobernar en Argos, ocupando el palacio de Euristeo, y Heracles le había puesto en los hombros su piel de león; otro iba a ser rey de Tebas y Heracles le había puesto en la mano derecha la maza de defensa, don engañoso de Dédalo; a un tercero se le había prometido Ecalia, que Heracles asoló  posteriormente; y para todos ellos se habían elegido las novias más selectas que significaban alianzas con Atenas, Tebas y Esparta. Heracles quería tanto a esos hijos que muchos niegan su delito y prefieren creer que fueron muertos a traición por sus huéspedes; por Lico quizá, o, como ha sugerido Sócrates, por Augías.

d. Cuando Heracles recobró la razón se encerró en una habitación oscura durante varios días, evitando toda comunicación con seres humanos y, después de ser purificado por el rey Tespio, fue a Delfos, para preguntar qué debía hacer. La Pitonisa, dirigiéndose a él por primera vez como Heracles y no como Palemón, le aconsejó que residiera en Tirinto,  sirviera a Euristeo durante doceaños y realizara los trabajos que le impusiese, en compensación por lo cual se le concedería la inmortalidad. Al oír esto, Heracles se sumió en una profunda  desesperación, pues aborrecía servir a un hombre al que consideraba muy inferior a él, pero temía oponerse a la voluntad de su padre Zeus. Muchos amigos acudieron a consolarle en su angustia, y por fin, cuando el transcurso del tiempo había aliviado algo su dolor, se puso a disposición de Euristeo.

e. Sin embargo, algunos sostienen que Heracles no se volvió loco hasta su regreso del Tártaro; que mató a sus hijos; que mató también a Megara y que la Pitonisa le dijo entonces: «¡En adelante ya no te llamarás Palemón! ¡Febo Apolo te llama Heracles, pues por Hera gozarás de una fama imperecedera entre los hombres», como si le hubiera hecho a Hera un gran servicio. Otros dicen que Heracles era amante de Euristeo y que realizó los doce trabajos para complacerle, y otros aún que se comprometió a realizarlos con la condición de que Euristeo anulase la sentencia de destierro dictada contra Anfitrión.

f. Se ha dicho que cuando Heracles salió para realizar sus trabajos Hermes le dio una espada, Apolo un arco y flechas bien afiladas, adornadas con plumas de águila, Hefesto un peto de oro y Atenea una túnica. O que Atenea le dio el peto y Hefesto las grebas de bronce y un yelmo adamantino. Se añade que Atenea y Hefesto rivalizaban entre ambos para beneficiar a Heracles; ella le dio goces y placeres pacíficos, y él protección contra los peligros de la guerra. El regalo de Posidón fue un tiro de caballos; el de Zeus un escudo magnífico e impenetrable. Muchas eran las fábulas grabadas en el escudo en esmalte, marfil, electro, oro y lapislázuli; además, doce cabezas de serpiente grabadas alrededor del tachón entrechocaban sus mandíbulas siempre que Heracles se lanzaba a la batalla y aterraban a sus adversarios. La verdad, no obstante, es que Heracles desdeñaba la armadura y, después de su primer trabajo, rara vez llevaba ni siquiera una lanza, y confiaba más bien en la clava, el arco y las flechas. Utilizaba poco la clava con punta de bronce que le había dado Hefesto y prefirió las que él mismo cortó de olivos silvestres, primeramente en el Helicón y luego en Nemea.

A esta segunda clava la reemplazó posteriormente con una tercera, también de acebuche, en la costa del mar Sarónico; fue la clava que cuando visitó Trecén apoyó contra la imagen de Hermes. Echó raíces, brotó y es ahora un árbol majestuoso.

g. Su sobrino Yolao participó en los trabajos como su auriga o escudero.
1. La locura era la excusa griega clásica por el sacrificio de los niños; la verdad es que los niños que sustituían al rey sagrado eran quemados vivos después de que él hubiese permanecido escondido durante veinticuatro horas en una tumba, simulando estar muerto, y reapareciendo luego para reclamar el trono una vez más.

2. La muerte de Pirecmes, partido en dos por caballos salvajes, resulta familiar. El título Palemón de Heracles lo identifica con Melicertes de Corinto, quien fue divinizado con ese nombre; Melicertes es Melkarth, el Señor de la Ciudad, el Heracles tirio. Los ocho alcideos parecen haber sido miembros de un grupo que bailaba con espadas y cuya actuación, como la de los ocho que bailaban la danza morisca en la Comedia de la Navidad inglesa, terminaba con la resurrección de la víctima. El mirto era el árbol del decimotercer mes de veintiocho días y simbolizaba la partida; el acebuche, el árbol del primer mes,simbolizaba el comienzo. Los ocho hijos de Electrión pueden haber formado un grupo análogo en Micenas.

3. Las relaciones homosexuales de Heracles con Hilas, Yolao y Euristeo y las descripciones de u lujosa armadura tienen por finalidad justificar la costumbre militar tebana. En el mito original habría amado a la hija de Euristeo y no a Euristeo mismo. Sus Doce Trabajos, según señala Servio, fueron finalmente considerados equivalentes a los doce signos del Zodíaco, aunque Homero y Hesíodo no dicen que fueran doce, ni la serie de los trabajos corresponde a la de los signos. Como el Dios del Año celta, celebrado en la Canción de Amergin irlandesa, el Heracles pelasgo parece haber hecho un curso a lo largo de un año de trece meses. En el mito irlandés y gales los emblemas sucesivos eran: ciervo o toro, diluvio, viento, gotas de rocío, halcón, flor, fogata, lanza, salmón, colina, jabalí, rompiente, sierpe marina. Pero las aventuras de Gilgamesh en la epopeya babilonia se relacionan con los signos del zodíaco y el Heracles tirio tenía mucho en común con él. A pesar de Homero y Hesíodo, las escenas representadas en los escudos antiguos no parecen haber sido obras de arte deslumbradoras, sino toscos pictogramas que indicaban el origen y la categoría del propietario, rayados a lo largo de la faja en espiral que revestía cada escudo.

4. La ocasión en que los doce olímpicos hicieron regalos a Heracles fue sin duda su casamiento sagrado, y todos ellos debió entregárselos su novia sacerdotisa, Atenea, Auge, Yole o comoquiera que fuera su nombre, directamente o por medio de sus ayudantes. Se armaba aquí a Heracles para sus trabajos, es decir, para sus combates rituales y sus hazañas mágicas.

Fragmento del libro “Los mitos griegos II”
por Robert Graves

Ergino

a. Algunos años antes de estos acontecimientos, durante el festival de Posidón en Onquesto, un incidente trivial molestó a los tebanos, y con ese motivo el auriga de Meneceo arrojó una piedra que hirió mortalmente al rey minia Clímeno. Éste fue conducido moribundo, a Orcómeno, donde, al morir, encargó a sus hijos que le vengaran. El mayor de ellos, Ergino, cuya madre era la princesa beoda Budea, o Búcige, reunió un ejército, marchó sobre los tebanos y los derrotó por completo. Según las estipulaciones de un tratado que confirmaron con sus juramentos, los tebanos debían pagar a Ergino un tributo -anual de cien reses vacunas durante veinte años como pena por la muerte de Clímeno.

b. Heracles, a su regreso del Helicón, se encontró con los heraldos minias que iban a recoger el tributo tebano. Cuando les preguntó cuál era su misión le contestaron desdeñosamente que iban una vez más a recordar a los tebanos la clemencia de Ergino al no haber cortado las orejas, la nariz y las manos a todos los hombres de la ciudad. «¿Desea realmente Ergino ese tributo?», les preguntó airadamente Heracles. Acto seguido mutiló a los heraldos de la manera que habían descrito y los envió de vuelta a Orcómeno con sus órganos ensangrentados atados con cuerdas alrededor del cuello.

c. Cuando Ergino ordenó al rey Creonte de Tebas que entregara al autor de ese ultraje, éste se mostró totalmente dispuesto a obedecer, porque los minias habían desarmado a Tebas, y además no podía esperar la intervención amistosa de ningún vecino en tan mala causa. Pero Heracles persuadió a sus juveniles compañeros para que luchasen en favor de la libertad. Recorrió los templos de la ciudad y se apoderó de todos los escudos, yelmos, petos, grebas, espadas y lanzas dedicados a ellos como botín. Atenea, admirando grandemente tal resolución, concedió esas armas a él y sus amigos. Así armó Heracles a todos los tebanos en edad de luchar, les enseñó a emplear sus armas y asumió personalmente el mando. Un oráculo le prometió la victoria si la persona de mayor alcurnia de Tebas se quitaba la vida. Todos los ojos se volvieron expectativamente hacia Antípeno, descendiente de los Hombres Sembrados, pero cuando se mostró renuente a morir por el bien común, sus hijas Androclea y Alcis lo hicieron de buen grado en su lugar, y en adelante fueron honradas como heroínas en el templo de Ártemis Famosa.

d. Poco después los minias marcharon sobre Tebas, pero Heracles les tendió una emboscada en un paso estrecho y mató a Ergino y a la mayoría de sus capitanes. Esta victoria, ganada casi sin ayuda, la explotó cayendo súbitamente sobre Orcómeno, cuyas puertas derribó, saqueando luego el palacio y obligando a los minias a pagar un doble tributo a Tebas. Heracles había cerrado además los dos grandes túneles que habían construido los minias en la antigüedad y por los que el río Cefiso desembocaba en el mar inundando así las ricas tierras de cereales de la llanura copaica. Su propósito era inmovilizar a la caballería de los minias, su arma más formidable, y llevar la guerra a las montañas, donde podía luchar con ellos en igualdad de condiciones, pero como era amigo de todo la humanidad, posteriormente volvió a abrir los túneles. El templo de Heracles Atador de Caballos en Tebas conmemora un episodio de esta campaña: Heracles penetró de noche en el campamento minia, y despues de robar los caballos de los carros, a los que ató a árboles a una gran distancia, dio muerte a los soldados dormidos. Por desgracia, Anfitrión, su padre adoptivo, murió en el combate.

e. Cuando regresó a Tebas, Heracles dedicó un altar a Zeus Preservador; un león de piedra a Artemis Famosa, y dos imágenes de piedra a Atenea Ceñidora de Armas. Como los dioses no habían castigado a Heracles por haber maltratado a los heraldos de Ergino, los tebanos se atrevieron a honrarle con una estatua, llamada Heracles Cortador de Narices209.

f. Según otra versión, Ergino sobrevivió a la derrota de los minias y fue uno de los argonautas que volvieron de Cólquide con el Vellocino de Oro. Después de pasar muchos años recuperando su anterior prosperidad, se encontró rico, ciertamente, pero viejo y sin hijos. Un oráculo le aconsejó que pusiera un zapato nuevo en la reja del arado destartalado y él interpretó el consejo casándose con una esposa joven que le dio a Trofonio y Agamedes, los célebres arquitectos, y a Aceo.

1. La manera como trata Heracles a los heraldos minias es tan vil —pues a la persona de un heraldo se la considera universalmente sacrosanta cualquiera que sea la insolencia con que actúe— que en este caso tiene que representar a los conquistadores dorios de 1050 a. de C, quienes hacían caso omiso de todas las costumbres civilizadas.

2. Según Estrabón ciertos canales de piedra caliza naturales por los que corrían las aguas del Cefiso quedaban bloqueados a veces y otras abiertos por los terremotos; pero con el tiempo toda la llanura Copaica se convirtió en un pantano, a pesar de dos grandes túneles que habían abierto los minias de la edad de bronce —pelasgos minoizados— para hacer más eficaces los canales naturales. Sir James Frazer, quien hizo una visita a la llanura hace unos cincuenta años, descubrió que tres de los canales habían sido cerrados artificialmente con piedras en la antigüedad, quizá por los tebanos que destruyeron Orcómeno en 368 a. de C., pasaron a cuchillo a todos los habitantes varones y vendieron a las mujeres como esclavas. Recientemente una compañía británica ha desecado los pantanos y devuelto la llanura a la agricultura.

3. Cuando la ciudad de Tebas se hallaba en peligro el oráculo tebano
exigía con frecuencia un pharmacos regio, pero sólo en una sociedad completamente patriarcal se habrían arrojado a la muerte Androclea y Alcis. Sus nombres, como los de las hijas de Erecteo, de las que se dice que se sacrificaron del mismo modo,parecen ser títulos de Deméter y Perséfone, quienes exigían sacrificios de varones. Parecería que dos princesas «pagaron la pena en vez de» el rey sagrado —al que más tarde se le dio el nuevo nombre de Antípeno—, quien se negó a seguir el ejemplo de Meneceo. En este sentido la Esfinge saltó desde el risco y murió destrozada.

4. «Heracles Atador de Caballos» puede referirse a su captura de las yeguas salvajes de Diomedes y todo lo que implicaba esta hazaña.

5. Atenea Cefiidora de Armas era la Atenea primitiva que distribuía armas a sus hijos predilectos; en los mitos celtas y germanos la entrega de armas es una prerrogativa matriarcal ejercida oportunamente en un casamiento sagrado.

Fragmento del libro “Los mitos griegos II”
por Robert Graves

Las hijas de Tespio

a. Cuando cumplió los dieciocho años Heracles abandonó la hacienda de ganado, resuelto a matar al león de Citerón que hacía estragos en los ganados de Anfitrión y su vecino el rey Tespio, llamado también Testio, el erectida ateniense. El león tenía otra guarida en el monte Helicón, al pie del cual se halla la ciudad de Tespias. El Helicón ha sido siempre una montaña alegre: los habitantes de Tespias celebran en su cumbre un antiguo festival en honor de las Musas y realizan juegos amorosos a su pie alrededor de la estatua de Eros, su patrono.

b. El rey Tespio tenía cincuenta hijas de su esposa Megamede, hija de Arneo, tan alegre como cualquier habitante de Tespias. Temiendo que pudieran contraer matrimonios inapropiados, decidió que cada una de ellas tuviera un hijo con Heracles, que entonces se dedicaba durante todo el día a la caza del león, pues Heracles se alojó en Tespias durante cincuenta noches seguidas. «Puedes tener a mi hija mayor Procris como tu compañera de lecho», le dijo Tespio hospitalariamente. Pero cada noche visitaba otra de sus hijas a Heracles, hasta que se acostó con todas. Algunos dicen, no obstante, que las gozó a todas en una sola noche, con excepción de una, que rechazó sus abrazos y permaneció virgen hasta su muerte, actuando como su sacerdotisa en el altar de Tespias; pues hasta el presente se exige a la sacerdotisa tespiana que sea casta. Pero Heracles había engendrado a cincuenta y un hijos con sus hermanas, pues Procris, la mayor, le dio dos mellizos, Antileonte e Hipeo, y la hermana menor otra pareja.

c. Cuando por fin descubrió al león y lo mató con una clava sin adornos cortada de un acebuche que desarraigó en el monte Helicón, Heracles se vistió con la piel del animal y se puso como yelmo sus fauces abiertas. Sin embargo, algunos dicen que llevaba la piel del león de Nemea o de otro animal que mató en Teumeso, cerca de Tebas, y que fue Alcátoo quien mató al león de Citerón.

1. Las cincuenta hijas de Tespio —como las cincuenta danaides, palántidas y nereidas, o las cincuenta doncellas con las que el dios celta Bran (Foroneo) se acostó en una sola noche— tiene que haber sido un colegio de sacerdotisas al servicio de la diosa Luna, a las que el rey sagrado cubierto con piel de león tenía acceso una vez al año durante sus orgías eróticas alrededor del falo de piedra llamado Eros («deseo erótico»). Su número correspondía al de las lunaciones que se daban entre un festival olímpico y el siguiente. «Testio» es quizás una masculinización de thea hestia, «la diosa Hestia»; pero Tespio («que suena divinamente») no es un nombre imposible, pues la suma sacerdotisa tenía una función oracular.

2. Higinio menciona sólo doce tespíadas, quizá porque ése era el número de las vestales latinas que guardaban el Paladión fálico y que parecen haber celebrado una orgía anual análoga en el monte Albano, bajo la monarquía romana primitiva.

3. Tanto la menor como la mayor de las hijas de Tespio dieron mellizos a Heracles; es decir, un rey sagrado y su heredero. Los mitógrafos se muestran confusos al respecto y tratan de conciliar la tradición anterior de que Heracles se casó con la hija menor —últimogenitura matrilineal— con los derechos de primogenitura patrilineales. Heracles, en la leyenda clásica, es una figura patrilineal; con la dudosa excepción de Macaría  no engendra hija alguna. 8u sacerdotisa Virgen de Tespias, como la Pitonisa de Apolo en Delfos, sé convirtió teóricamente en su novia cuando obtuvo la facultad profética y, en consecuencia, no podía po seerla ningún marido mortal.

4. Pausanias, a quien desagrada este mito, dice que Heracles no pudo haber deshonrado a su huésped con esa seducción al por mayor de las tespíadas, ni haberse dedicado a sí mismo un templo, como si fuera un dios, en una época tan temprana de su vida, y, en consecuencia, se niega a identificar al rey de Tespias con el padre de las tespíadas. La muerte de un león era una de las tareas matrimoniales que se imponían al candidato a la dignidad de rey.

5. Heracles hizo su clava con un acebuche, el árbol del primer mes, utilizado tradicionalmente para la expulsión de los malos espíritus.

Fragmento del libro “Los mitos griegos II”
por Robert Graves